Centenario de “Foto Amé” – Ingeniero Luiggi – La Pampa

Bautista Amé en el año 1914.

Bautista Amé en el año 1914.

El 14 de marzo de 2014, se cumplen 100 años de la casa de fotografía “Foto Amé”, tres generaciones que hasta hoy, continúan brindando sus servicios y dedicación a esta disciplina de las artes visuales, en la localidad de Ingeniero Luiggi.

Por tal motivo, y en reconocimiento a esa trayectoria, la subsecretaria de Cultura, Prof. Analía Cavallero, acompañada por el intendente Guillermo Bertone, e integrantes de la familia Amé, visitó el pasado domingo la casa museo que tiene la familia, siendo recibidos por Ofelia Amé (hija del fundador), quien amablemente fue relatando una asombrosa historia familiar, a través de imágenes y objetos, verdaderos protagonistas y testigos del devenir de la localidad y la zona.

En dicho museo, pueden observarse fotos de Bautista Amé -el fundador de la casa fotográfica-, cámaras antiguas, fotos sociales de diferentes épocas que llegan hasta la actualidad, fotografías pintadas, objetos utilizados en escenografías montadas para cada ocasión (bautismos, casamientos, cumpleaños de 15); hasta llegar a  un sorprendente bastón que se transforma en un trípode regulable en altura, verdadero objeto de avanzada para su época.  Esta Casa Museo está abierta al público, y puede visitarse de 8 a 12hs. y de 17 a 20hs. con un recorrido guiado a cargo de la propia Ofelia.

Posteriormente, todos se trasladaron al Cine Teatro Municipal, donde se proyectaron fragmentos de la  película“El pañuelo de Clarita”, en adhesión a los 100 años de la Casa “Foto Amé”. Se trata de un film mudo, cuyo autor fue el fundador de la Casa Amé, el señor Bautista Amé, estrenada en el Cristal Palace de la calle Corrientes de Buenos Aires en el año 1919. A continuación llegó a la pantalla, “Tío Rico”, una comedia rodada, producida y editada íntegramente en Ingeniero Luiggi por un grupo entusiasta de vecinos, que cuenta con la participación de Diego Amé, nieto de Bautista.

Casa “Foto Amé” – Ingeniero Luiggi – La Pampa

Reseña histórica

Bautista Amé llegó a estas tierras en 1904, procedente de la región italiana del Piamonte. Contaba con sólo 15 años y traía consigo el oficio de carpintero, heredado de su padre. En los primeros años de su llegada al país, se radicó en Rosario (Santa Fe), donde trabajó en la Sección Carpintería del Departamento Vías y Obras del entonces Ferrocarril Central Argentino.
Años después llega al Lote XXI; Sección 1° de la Pampa Central, en los días en que se realizaban los remates de campos, quintas y solares del “Pueblo y Colonia Ingeniero Luiggi”, que Antonio Devoto había fundado en 1910.
Bautista Amé adquirió un solar donde instaló su vivienda particular y siguió trabajando como carpintero.
En el año 1913 aproximadamente comenzó su gusto por la fotografía; adquiriendo los rudimentos de este arte bajo la orientación del entonces director de la centenaria Escuela N° 76, el señor Domingo Mantovani.
El 14 de Marzo de 1914 se considera como la fecha simbólica en la que Bautista fundó su propio gabinete de fotografía, al que denominó “La Pampa”. Pero este nombre fue luego cambiado por el de “Foto Amé”, que se ha convertido, a través del tiempo, en un emblema.
En 1917, cuando fallece su primera esposa, Bautista deja su negocio en manos de José Saracco y se radica por un tiempo en Buenos Aires, con fines de capacitarse en las nuevas técnicas de encuadre e iluminación y conocer los materiales y equipos que llegaban de Estados Unidos y Europa. Allí escribió el guión de la película “El pañuelo de Clarita”, de la cual fue además productor, actor y director.
En 1919 regresa a Luiggi y expande su negocio, instalando una galería con paredes y techo vidriado para aprovechar mejor la luz; arma cortinados movibles para las diferentes “tomas”; convirtiéndose así en el lugar donde acudían las personas de Luiggi y la zona a retratarse.
Bautista plasmó con su cámara innumerables acontecimientos sociales, culturales y deportivos, formando así un rico archivo de imágenes.
Contrajo matrimonio por segunda vez y tuvo siete hijos, que se sumarían a los dos mayores de su matrimonio anterior. Sus hijos continuaron la empresa familiar. Unos se dedicaban al retocado de las fotos y otros a pintarlas, cuando aún no existían las fotos en color. La toma de fotografías quedaría en manos de quien durante casi 60 años, fue el fotógrafo “emblemático” de una amplia zona: José Mateo Amé “Pepe”. Este reconocido profesional tuvo una amplísima trayectoria, volcando su creatividad y verdadera pasión en su oficio; recibiendo entre otros, el Premio “Testimonio” (1999) otorgado por el Gobierno de La Pampa a través de la Subsecretaría de Cultura,  y el aprecio de todo aquel que haya quedado registrado en su cámara. También y durante 15 años fue colaborador del diario La Reforma de General Pico, entregando una gran variedad de notas y fotografías.
José dejó su legado a su hijo Diego, quien representa la tercera generación de fotógrafos profesionales de la familia.
La historia parece repetirse, ya que Diego filmó en colaboración con la Sociedad “Amigos de las Cupecitas” una película llamada “Tío Rico”, que fue estrenada en el año 2013 y protagonizada por vecinos de Luiggi y localidades vecinas, teniendo muy buena repercusión entre el público.
Así, “Foto Amé” llega a sus 100 años de ininterrumpida labor, siempre en el local original desde los tiempos de su fundación, manteniéndose continuamente a la vanguardia de los adelantos tecnológicos; no sólo en  fotografías sino también en vídeo filmaciones, conservando un importante archivo en un óptimo estado de conservación.

Anuncios

Pedro Monmany: El primer reportero gráfico de La Pampa

“Es preciso ser absolutamente modernos”

Arthur Rimbaud

El año 1907 no podría haber comenzado mejor para los habitantes de la ciudad, que veían en todo cuanto ocurriese símbolos de modernidad y progreso. El 6 de enero entra a la estación a las 9:29 de la mañana el primer tren “rápido” que, en poco más de diez horas, cubría el trayecto entre Santa Rosa y Buenos Aires.

El pensamiento positivista de la época queda ilustrado al introducirse en una crónica de La Capital comentando la presencia de dos corresponsales de la revista Caras y Caretas, quienes –dice el diario-, no salen del asombro ante tanto “progreso y adelantos” que muestra el Territorio.

Es precisamente ésta visita la que influirá en el joven fotógrafo Pedro Monmany para incursionar en una especialización que recién comenzaba a tomar forma. La aparición de nuevas tecnologías aplicadas a las artes gráficas estaban haciendo florecer gran cantidad de publicaciones y revistas ilustradas y los periódicos se vieron obligados a incorporar imágenes informativas para no perder lectores.

A partir de 1908 el diario local comienza a publicar fotografías en sus tapas aunque no con demasiada frecuencia ya que no contaba con taller propio de fotograbado. Esta carencia se suplía enviando las fotografías a una imprenta de Bahía Blanca que confeccionaba los clichés y los reenviaba varios días después, siempre por medio del ferrocarril.

Pedro Monmany y Eugenio Sesmero, otro joven tan proclive a las aventuras como él, se lanzan por los campos y poblados de La Pampa para realizar una serie de crónicas periodísticas que el diario irá publicando alternadamente bajo el título “En viaje”.

Salimos de Castex el 4 del corriente, a las 9 am, haciendo un recorrido de más de tres leguas entre campos arados, en mucho de ellos brotando ya el trigo. Después recorrimos trozos de montes y de pampa, dedicados a la ganadería. Estos campos, aunque han sufrido con la sequía, mantienen los animales en regular estado de gordura.

A las 12 a m llegamos a un punto ubicado en el lote 20 de la letra D, sección I, donde dimos un descanso a los caballos y almorzamos suculenta gallina con que nos obsequió un amable criollo, de apellido Rivero, a cargo del puesto El Agual que está a setenta metros de profundidad; pero es buena. Más la Norte, en un paraje que denominan Pozo Hondo, por donde también pasamos el agua se extrae a los 106 metros de profundidad por medio de baldes volcadores, tirados a dos caballos, pues allí todavía no se han establecido molinos ni motores, que simplificarían abaratarían mucho esta operación.

En la tarde pasamos por el lugar que ocupó en otro tiempo la casa de negocios “La Proveedora” y que hoy está transformada en chacras.

Marchamos desde entonces entre campos arados. Nuevas colonias que se levantan a nueve y diez leguas de los ferrocarriles, a la espera que llegue el ramal del F. C. Del Oeste que pasará por Intendente Alvear y llegará al Lote 21 de la Letra A.

Llegamos hasta el ángulo Nor-Este del Lote 5 de la Letra C de la Sección VII, donde hace un mes ha instalado un boliche y casa de hospedage, un comerciante italiano venido de Meridiano V. Aquel boliche es la salvación de los viajeros y especialmente de nosotros, pues llegaba la noche, el frío arreciaba y teníamos la desgraciada perspectiva de pasar al raso o cobijados en un mal rancho donde los abugeros dejan pasar libremente la helada y las frías corrientes de aire.

Este boliche es el primero que se establece en la Colonia “La Elina”, establecida en los lotes 5 (mencionado) y 1 y 2 de la letra D Sección I, por los señores Chapeaurouge y Bernengo. Son 30.000 hectáreas, propiedad del señor Antonio Devoto. Allí está el agua desde 8 a 10 metros de profundidad, y aunque aún quedan algunas majadas de ovejas, se van colocando muchas chacras, varias de las que ya han sido roturadas y sembradas con trigos y otros se preparan para maíz.

En la parte Norte de esta colonia, está el lote 21 de la letra A Sección I, también del señor Devoto, a donde llegará el ramal férreo a que nos referimos más arriba y en el cual se formará un pueblo rodeado de chacras. El pueblo planteará inmediato a la estación terminal del ferrocarril, cuyo punto exacto aún no se conoce; pero ya están vendiendo chacras de 100 hectáreas a 100 pesos cada hectárea y a cómodos plazos. Quizás se denomina Calicurá, por ser ese el nombre de un monte próximo.

El campo es bueno, pastoso y el agua esta cerca y aunque hay algunas vetas de tosca, la mayor parte carece de este inconveniente para el cultivo de la alfalfa.

La noche del 4 al 5 fue crucial. El termómetro bajó hasta 6º grados bajo cero y la helada blanqueó los campos hasta la diez de la mañana siguiente.

Poco antes de las diez del 5, pusimosnos nuevamente en viaje hacia Parera, costeando el alambrado del lote 25 que pertenece al señor Jorge Duwdall, socio y gerente de la Barraca de Rancul y después de recorrer un poco más de 10 kilómetros entramos a la colonia “La Alfalfa”, ubicada en el lote 20 y en cuyo esquinero Noroeste está una casa de negocio que ofrece al viajero, su punto de descanso.

De allí a Parera, no hay más que tres leguas, que recorrimos entre alfalfares y terrenos cultivados, en muchos de los cuales el trigo está brotando, cubriendo el paisaje de un matiz simpático de verde claro, que alegra la vista. Las tierras de por aquí, se ven que son muy buenas, que a pesar que en cuatro meses apenas les ha caído algunas gotas de rocío a la vegetación se manifiesta ya, no exuberante pero sí ya más lozana que …… Se nota hasta humedad en estas tierras labradas. Se encuentra con grandes parbas de alfalfa…..las chacras, con rastrojos de …que se ha cosechado este año…en abundancia, en cantidad suficiente para salvar a los agricultores.

Los animales de trabajo y las haciendas que se ven, son gordas. El….que esto parece otro mundo.

(Continuará)

Simultáneamente, aprovecha sus frecuentes viajes con el cronista para conformar una importante colección de fotografías del Territorio que serían usadas en un proyecto más ambicioso: La Guía Ilustrada de La Pampa, un emprendimiento editorial que nunca llegó a imprenta pero que estuvo muy cerca de concretarse. Por esos días, el diario La Capital comenta que para dicho proyecto, Monmany ya contaba con un archivo personal de más de trescientas imágenes sobre todo tipo de actividades.

Entre 1908 y 1911 viajó por todo el norte y el este de la provincia, registró una buena cantidad de procesos fundacionales, las grandes estancias y la floreciente actividad rural. En Santa Rosa registrará el surgimiento de industrias mayores, como el molino de Bancalari, la primer usina; la obra pública, como el nuevo hospital y lo institucional, mayoritariamente temas relativos a la educación.

Monmany no limitará su actividad periodística al diario La Capital y se vinculará con la revista PBT, publicación de gran tiraje y de alcance nacional, competidora de Caras y Caretas, que lo nombrará corresponsal gráfico.

Es bueno recordar que por ese entonces la fotografía de prensa no se diferenciaba en nada de cualquier fotografía comercial producida por otros fotógrafos excepto por la intención o el contratante. Aún existían importantes limitaciones técnicas como para poder registrar “instantáneas” y las cámaras no eran lo suficientemente ligeras y maniobrables como para permitirle al fotógrafo demasiada libertad en sus movimientos.

Hubo que esperar varios años más, hasta la década de 1930, para que se impusieran las legendarias Leica, pequeñas, rápidas, confiables, portátiles, casi imperceptibles para el fotografiado y con película flexible en rollos, lo que permitió a la fotografía de prensa desarrollar un lenguaje propio y contundente bastante parecido al que aún subsiste en la actualidad.

Pero éste catalán es un volcán en erupción y comienza a dar por agotada esa etapa de su vida para embarcarse en un nuevo proyecto. En 1911 monta un estudio fotográfico de última generación al que le agrega una serie de novedades que causarán sensación en la capital del Territorio, pero de esto hablaremos en la próxima entrega.

Texto: Jimmy Rodríguez

Investigación: Guillermo López Castro y Jimmy Rodríguez

Fototeca Bernardo Graff / AHP

Artículos relacionados

Un volcán llamado Pedro Monmany (I Parte)

Colección Pedro Monmany (Próximamente)

Un volcán llamado Pedro Monmany (I parte)

Justo cuando comenzaba el siglo XX, llega a La Pampa un joven catalán que introducirá en el ámbito local un concepto absolutamente modernista de la fotografía. Hombre de aventuras, espíritu inquieto y personalidad desbordante, llevará una vida tan intensa como breve.

Nacido en Rubí, cerca de Barcelona en 1881, llega a Buenos Aires con sus padres y hermanos. Un típico conventillo de la calle San Juan, donde se hacinan inmigrantes de distintas lenguas, albergará a la familia de recién llegados.
Apenas mayor de edad, el inquieto Pedro Monmany abandona Buenos Aires y se encamina hacia las promesas de fortuna del promocionado nuevo territorio. Santa Rosa ya ostentaba el título de capital provisoria y, como sede del gobierno, se perfilaba como la mejor opción para quienes quisieran probar suerte tierra adentro.

A mediados de 1901, el joven Pedro llega y comienza a trabajar como dependiente en la farmacia Santa Rosa, del farmacéutico diplomado Luis Badía, tan catalán, practicante católico y de Rubí como los Monmany. Es muy probable que las familias se conocieran previamente y por eso el joven decidiera venir sobre el ofrecimiento de un empleo seguro. No tardará en sentirse atraído por la fotografía y en aprovechar las facilidades que ofrece una farmacia, por ese entonces equipadas como laboratorios químicos y con abundante stock de productos, para comenzar como aficionado.

En 1902, el diario La Capital acusa recibo de las fotos enviadas por Monmany a la redacción y lo mencionan por primera vez.
“Álbum fotográfico. Acusamos recibo de las siguientes fotografías cuyo regalo agradecemos. Estación General Lagos en el momento de entrar el tren que condujo al Gobernador Dr. Diego González., Chalet de Tomás Mason y jardín de su frente, tomado en perspectiva. Ambas vistas son instantáneas y muy ricas en detalles, tomadas por el joven Sr. Monmany.” (La Capital, edición del 18 de octubre de 1902).

Es de suponer que sus intentos como practicante venían desarrollándose desde un tiempo anterior y que obsequió las fotografías cuando ya había alcanzado una calidad aceptable.
Los obsequios de Monmany al diario (que no podía publicar fotografías pero en cambio las describía, tanto de jóvenes aficionados como de reconocidos profesionales) continuaron con frecuencia durante ése año y los subsiguientes.
La vida del fotógrafo dará un vuelco trascendental en 1904 cuando se casa con Teresa Badía, hija de su empleador y se hace cargo de un nuevo rubro en la farmacia, la sección “óptica y fotografía”, que no era otra cosa que un servicio de laboratorio para aficionados y la venta de insumos.
Éste año lo dedicará de lleno a la preparación de su lanzamiento como fotógrafo y comienza a realizar una extensa serie de postales sobre la ciudad, a frecuentar –y fotografiar- reuniones sociales favorecido por su vinculación familiar con los Badía, a viajar, con el mismo propósito, por los pueblos y visitar los establecimientos rurales más importantes del momento.

En mayo de 1905 aparece en La Capital el primer anuncio publicitario de Pedro Monmany que ya lo posiciona como profesional y que se mantendrá constante durante todo el año:

“Tarjetas postales ilustradas con vistas de localidades y parajes de La Pampa. Hay un surtido variadísimo y permanente en la sección Fotografía de la Farmacia Santa Rosa. Pedidos y encargos. P. Monmany”.

También en éste período consolidará su relación social y comercial con los sectores vinculados al poder político, religioso y educativo, fotografías que se encargaba de hacer llegar al diario y que éste describía detalladamente. Aun existen una buena cantidad de originales de su autoría dedicados a temas escolares y muchas de esas imágenes fueron utilizadas por la primer docente de Santa Rosa para ilustrar el relato histórico presentado en 1942 y que hoy conocemos como “colección Enriqueta Schmidt”.

Pero Monmany es un volcán en permanente erupción que no se contenta con nada y siempre va por más. Mientras se consolidaba como fotógrafo, abre, en sociedad con su hermano Ramón, recientemente arribado a Santa Rosa, el “Gran Bazar del Siglo”, que era peluquería, perfumería y venta de artículos para hombres. También allí colocará un escaparate, abundantemente publicitado en el diario, para comercializar su producción de postales. Se mantendrá alejado del comercio, que solo será atendido por su hermano mientras él se dedica cada vez más a la producción fotográfica.
Su relación de amistad con directivos y empleados del diario La Capital le permitió tomar contacto con el equipo periodístico de la revista Caras y Caretas cuando visitaron La Pampa en 1907. E. Holmberg, jefe de redacción, y el fotógrafo holandés Albert Voijtech prolongaron su estadía por algo más de una semana para concretar entrevistas y recorrer distintos puntos de la provincia.
Mientras, mantenían su base de operaciones en la redacción del diario local. Monmany, tan inquieto como atento, entendió de inmediato que ése era otro campo de la fotografía que valía la pena transitar y al poco tiempo se lanza de lleno para convertirse, a fines de 1907, en el primer reportero gráfico de La Pampa. Pero esto lo vamos a desarrollar en la próxima entrega.

Texto: Jimmy Rodríguez
Investigación: Guillermo López Castro y Jimmy Rodríguez
Fototeca Bernardo Graff /AHP

 

El ojo de los aficionados en La Pampa pionera

Los aficionados es el tercer artículo de una profunda investigación realizada sobre la fotografía en la Capital de La Pampa.  Recordamos a nuestros amigos y usuarios que desde abril de 2012 estamos publicando este estudio en el suplemento cultural “Caldenia” del Diario “La Arena”. 

Los aficionados tuvieron, desde muy temprano, una importante participación en el registro fotográfico de La Pampa.

A principios del 1900 las técnicas fotográficas se habían simplificado de tal manera que convertirse en fotógrafo ya no exigía aprendizajes prolongados, solo bastaba disponer del capital como para afrontar los costos del equipamiento, algún maestro en el mejor de los casos y una manera cuidadosa de proceder.

También abundaban manuales con fórmulas y recomendaciones para los preparados químicos a base de drogas fáciles de adquirir en cualquier botica.

Hubo una importante cantidad de aficionados que nunca tuvieron la intención de ingresar al campo profesional.  Ligaban la práctica de una técnica novedosa de reproducción de imágenes con una conducta social.

Las buenas cámaras eran, en ese momento, alta tecnología,  poseerlas no estaba al alcance económico de cualquiera, y esto no fue exclusivo de la región geográfica que nos  interesa.

Viendo las imágenes conseguidas por los miembros de la Sociedad Argentina de Fotografía, fundada en Buenos Aires a fines del siglo XIX, puede apreciarse qué alto nivel técnico manejaban por entonces los amateurs. En muchos casos, la impecabilidad y precisión de ésas fotografías estaban por encima de los resultados logrados por profesionales.

Pero volviendo a La Pampa, tenemos sobradas referencias sobre la existencia de aficionados, aunque lamentablemente no podamos conocer el nombre de todos ellos ni identificar claramente sus autorías.

Habitualmente, eran jóvenes provenientes de  familias acomodadas y, a veces, agregaban sus nombres manuscritos en  el reverso de las fotografías.

El fotógrafo amateur no siempre estaba interesado por los engorrosos procedimientos de laboratorio posteriores a la toma y algunos recurrían a casas especializadas para que completen el trabajo. Aunque, en su mayoría, preferían realizar ellos mismos el proceso porque en eso consistía, precisamente, el placer del practicante.

El aficionado, que a diferencia del profesional obligado a intervenir la escena y quitarle todo rasgo de informalidad, no sentía la presión de contentar a ningún cliente y solía hacer sus tomas dentro de una atmósfera más distendida y “realista”.

Otros aficionados vieron a los profesionales como un espejo en el que reflejarse y tuvieron en cuenta la posibilidad de abandonar el amateurismo para convertir la fotografía en su medio de vida.

1904 

Éste año parece ser efervescente. Los aficionados se extienden y nace un emprendimiento comercial dispuesto a satisfacer la demanda.

Luis Badía, farmacéutico, anexa la sección “óptica y fotografía”, evidentemente, debido a la aparición de un nuevo mercado.

Su joven y emprendedor empleado, que ya se había mostrado públicamente como aficionado, pasa a ocuparse de ése nuevo rubro que sumaba la farmacia Santa Rosa.

Pedro Monmany, sobre el que nos extenderemos en próximas entregas, hasta entonces dependiente de farmacia y aficionado a la fotografía, toma a su cargo la atención de los amateurs no solo en la venta de insumos, también en el procesado de negativos y pruebas.

Farmacia Santa Rosa, Sección Fotografía y óptica. Surtido completo en aparatos y toda clase de útiles y materiales fotográficos a precio de catálogo en Buenos Aires. Exposición y venta de vistas y tarjetas postales del territorio. Laboratorio fotográfico modelo a disposición de los aficionados. La casa se encarga de revelar placas y hacer toda clase de obras, reproducciones, ampliaciones, etc. Completo surtido en lentes y anteojos de toda clase para corregir cualquier defecto de la vista a precio de catálogo en Buenos Aires. Frente a la plaza, al lado de la iglesia.

(Aviso publicitario. Diario La Capital 22 de Octubre de 1904)

Este detalle no puede ser pasado por alto ya que demuestra que si un comerciante está dispuesto a invertir en ése ramo, es porque el mercado existía.

Ya un año antes de que la farmacia se dispusiera a prestar el servicio, el mismo diario se encarga de mencionar la existencia de varios aficionados que consiguen tomas de una calidad aceptable. Probablemente para 1904 el número de practicantes haya aumentado.

Dos fotografías existen actualmente en esta población, aparte de cinco o seis aficionados que sacan pruebas bastantes buenas. (…)

(Columna Diversas, diario La Capital 2 de mayo de 1903)

Alejandro Cortina, hijo del por entonces comandante de las milicias locales, es uno de esos amateurs que asiduamente envían fotografías al diario.

Una de ellas, quizá la más conocida, sea la que muestra el frente del edificio de la Comandancia y en la que pueden verse a varios miembros de la misma familia. Esta misma fotografía le fue dedicada de puño y letra por su autor al director del diario La Capital, el Sr. Fons Artigas. También es una de las imágenes usadas para ilustrar “La Solicitud”, publicación destinada a presentar ante autoridades nacionales pidiendo, en 1902, la formalización de Santa Rosa como capital provincial.

Pero no solo el joven Cortina, tal como lo menciona el diario, era el único.

Por esos mismos años también encontramos a Pedro Monmany;  Juanita Capdeville, hija de Alphonse, que tomaba y enviaba fotografías desde la estancia de su padre; Antonio Alonso; Eduardo Leppine y, según algunas crónicas periodísticas que lo permiten especular, hasta el cura párroco Estanislao Cinalewsky pudo haber sido otro practicante.

Es muy probable que muchas fotografías históricas que habitan las colecciones de la Fototeca hayan sido realizadas por esos aficionados, especialmente aquellas que muestran ciertos detalles que un profesional no hubiese descuidado, porque de eso dependía su prestigio y su negocio.

Es de esperar que con el paso del tiempo aparezcan más fotografías en colecciones particulares que permitan identificar autorías, eso ayudaría a completar el rompecabezas que intentamos armar, porque después de todo, de eso se trata éste trabajo.

Por Jimmy Rodríguez

Investigación: Guillermo López Castro y Jimmy Rodríguez

 

Colección Bernardo Graff – Pampa Central (1892 – 1907)

La Pasión según Bernardo Graff

Bernardo Graff, alemán nacido en 1858 en la pequeña localidad de Spremberg, Brandenburgo, muy cerca del límite con la Sajonia, deja atrás un paisaje bucólico de bosques y ríos para lanzarse a la región más nueva del mundo nuevo.
No hay certeza en la fecha  de llegada al país ni cómo recaló en La Pampa, pero en 1884, a solo dos años de la fundación, la Oficina de Tierras y Colonias le otorga la concesión de un lote en General Acha. Se lo inscribe como “carpintero”, oficio bíblico por excelencia.
El 22 de mayo de 1891, en la misma localidad y con 33 años, se casa con Alejandra Chavero, de 19, nacida en Pergamino, provincia de Buenos Aires, hija de un hacendado y radicada en Maracó Chico (valle de General Acha).
El Censo de 1895 lo encuentra en Victorica y ya registrado como fotógrafo, aunque hay sobradas evidencias que con anterioridad a esa fecha ya ejercía como profesional de la imagen en varias localidades.
Quizá un buen ejemplo sea la fotografía considerada fundacional de Santa Rosa, conocida como “primeros pobladores”, en la que aparece León Safontás y otros pioneros, tomada por él en 1894. Durante ése mismo viaje, realiza el retrato a Enrique Valerga, primer comisario del pueblo, representado de una manera admirable, al modo que los grandes retratistas lograrían desarrollar como estilo tiempo después.
Itineró por las poblaciones más importantes de ése momento. Las partidas de nacimiento de su numerosa prole, en Gral. Acha; Victorica; Toay y Santa Rosa, muestran a una familia en permanente movilidad, en marcha y contra marcha.
Pasarán unos años para que el diario La Capital, aún editado en General Acha, lo reconozca profesionalmente en sus páginas.

Nuevo fotógrafo. “Nos remite dos buenas fotografías de la plaza de Victorica el fotógrafo Bernardo Graff y nos avisa que en breve se hallará en esta Capital (General Acha) con los elementos perfeccionados que ha adquirido. (Diario La Capital 1 de enero de 1899)

Los pocos habitantes de los escasos centros urbanos del momento hacían que la rentabilidad de la fotografía solo fuera posible itinerando de pueblo en pueblo. Por eso al año siguiente es posible encontrarlo radicado en Toay.
El mismo diario, ya establecido en Santa Rosa, hace mención a cada obsequio de fotografías que Graff le acercaba. En una de esas crónicas se lo califica como fotógrafo cuyos trabajos son cada día más perfectos”.

De Toay a Berlín y vuelta a Santa Rosa

En 1901 anuncia (edición del 25 de agosto, diario La Capital) que viajará a Alemania a comprar nuevo equipamiento, que lo hará con su hijo mayor, Alejandro, al que dejará en aquel país por algún tiempo.
Al año siguiente, en la edición del 27 de diciembre de 1902, La Capital anuncia la apertura en breve de su local comercial en Santa Rosa “con todos los adelantos técnicos recién traídos de Alemania”.
1903 lo encuentra establecido “al lado lo de Felipe Di Liscia”, que algunos investigadores ubican a mitad de cuadra en Avellaneda entre Quintana y Sarmiento.
A diferencia de otros fotógrafos, Graff no hace una campaña publicitaria y publica un solo aviso. Quizá por ser un viejo conocido del vecindario pampeano no necesitaba, como los demás itinerantes, tanta difusión.
Por las características del anuncio en el diario y por la importante inversión tecnológica que acababa de realizar Graff en Berlín, probablemente barajó la posibilidad de una radicación permanente. Ahora las condiciones demográficas y económicas del lugar eran más propicias que los años anteriores.
Para esa fecha Santa Rosa ya se había consolidado como capital del territorio y había incrementado notablemente su población, lo que la convertía en una plaza interesante para el negocio de la fotografía.
Pero eso no ocurrió y al poco tiempo abandona la ciudad para seguir alternando entre las tres localidades más antiguas.
Algunos documentos dan cuenta de una vida no exenta de acontecimientos trágicos. De los once hijos que tuvo, cinco fallecieron a temprana edad. Si bien a principios del siglo XX la mortalidad infantil era muy alta, la muerte de tal cantidad de niños en un solo núcleo familiar aparece como infrecuente.
En 1909 y a dos meses y medio de dar a luz su décimo primer hijo,  muere la esposa y es sepultada en el cementerio de General Acha. Tenía 37 años. Pasarían apenas cuatro meses para que el niño también falleciera.
Las últimas referencias encontradas lo ubican en 1915 en Macachín cuando su hija Francisca, de 18 años, contrae enlace con el Sr. Gustav Hamilton, un conde sueco caído en desgracia y radicado en Winifreda.
Aquí se pierde el rastro de éste fotógrafo y no se ha podido establecer si termina sus días en Macachín o si su inquieta personalidad lo llevó por otros poblados.
Bernardo Graff cruzó infinidad de veces por los caminos casi inexistentes que unían los pocos centros poblados de una Pampa nueva, cuando el ferrocarril todavía era una expresión de deseo, cuando a cada paso era posible encontrar un génesis de algo.
Se reinventó a si mismo. El carpintero hijo de una familia de comerciantes vinculados al negocio forestal, criado en un valle verde, rodeado de pinos y caseríos ordenados como manda la tradición germana, dio lugar a este fotógrafo que registró un páramo lo suficientemente opuesto y exótico respecto a su Spremberg natal.
Su radio de acción estaba circunscrito a la pampa desértica, la del médano, la del monte. No hay ningún indicio de que alguna vez, en sus itinerancias, haya recalado por los poblados del fértil noreste provincial, ricos y más habitados.
Cultivó un perfil bajo, llevó una vida austera y educó a su numerosa familia en la fe luterana, ningún registro parroquial católico de La Pampa guarda el nombre de sus hijos. Tampoco fue un ciudadano desentendido de compromisos cívicos y, junto al docente Félix Romero y otros vecinos de Victorica, fundan en 1905 la primera biblioteca popular de La Pampa.
Y de la luz construyó su oficio.

Texto: Jimmy Rodríguez
Investigación: Guillermo López Castro y Jimmy Rodríguez / Fototeca Bernardo Graff
Aportes: Rubén Gómez Luna / José Carlos Depetris / Ewaldo Beckman

Publicaciones relacionadas:

Graff Internacional (proyecto “Preservación de imágenes y sistemas de información, acceso e investigación”  realizado por el Instituto Mora y el CONACYT de México – 2009 – 2012).

Fotógrafos alemanes en Latinoamérica

Marostica Hnos. Primer serie fotográfica de Santa Rosa – 1895

Este artículo forma parte de un trabajo más amplio sobre la fotografía y los fotógrafos pioneros en la capital de La Pampa. Durante ocho años investigamos imágenes y documentación en archivos oficiales y particulares, museos y colecciones, tanto dentro como fuera de la provincia y realizamos numerosas entrevistas a descendientes de los primeros fotógrafos. Este primer capítulo fue publicado en el suplemento cultural Caldenia, del Diario La Arena en la edición del día 22 de Abril de 2012, con motivo del 120 aniversario de la ciudad de Santa Rosa.

MAROSTICA HNOS.  Primer serie fotográfica de Santa Rosa – 1895

Los hermanos Marostica estaban tempranamente radicados en la ciudad de La Plata y son considerados pioneros de la fotografía en la capital bonaerense. Tenían su estudio en la zona de convergencia más importante de la floreciente burguesía platense, afecta, entre otras cosas, a paseos dominicales por la Plaza de la Legislatura.

El comercio, en 1895, era operado por José Marostica, italiano, de 38 años, casado con una española de apellido Carbonell, con cuatro hijos de muy corta edad y Luis Marostica, de 30 años, también italiano y soltero.

Es posible que Luis, el menor de los dos hermanos, por su condición de soltero, es decir, sin las responsabilidades familiares de José, haya sido quien viajó a Santa Rosa y sea el responsable de ésta producción fotográfica.

Si tenemos en cuenta la distancia desde el lugar de residencia y las adversidades del trayecto final a cubrir (el tren solo llegaba hasta Trenque Lauquen), la plaza comercial que explotaban y el prestigio profesional con que contaban en la ciudad de La Plata, no hay ninguna razón para adentrarse a un desierto pobre apenas habitado por ochocientas almas a cambio de una rentabilidad dudosa. Es evidente que no se trataba solo de un fotógrafo itinerante que vino a probar suerte.

Por el estilo de las imágenes se desprende que la presencia de Marostica obedece a un encargo institucional y que el trabajo tenía un destino mayor que solo un álbum de recuerdos para el fundador o los primeros pobladores.

Los planos generales muy abiertos se diferencian de las típicas tomas de época que comúnmente  suelen verse, generalmente, una casa de comercio.

Las fotografías de ésta serie, por el contrario, evitan deliberadamente ése protagonismo y priorizan la generalidad, es decir, la idea es mostrar al pueblo por sobre los  intereses particulares. Esto, sin dudas, es lo que demuestra el verdadero motivo de la radicación temporaria del fotógrafo en Santa Rosa.

Todo indica que la serie pudo haber sido realizada para presentar ante las autoridades ferroviarias a fin de persuadirlos de extender el ramal hasta Santa Rosa. Una población sin tren, mal podría aspirar a convertirse en capital.

La otra posibilidad, aunque aparece como menos probable, es que fueran usadas durante la disputa (Julio / agosto de 1895) con Benito Villanueva, representante de Toay, por la cabecera departamental ante el gobierno nacional.

La presencia de Marostica se puede documentar desde el 25 de mayo de 1895 hasta el 30 de agosto del mismo año, cuando registra la inauguración de la iglesia.

No obstante, algunas fotografías dejan inferir que la estadía del fotógrafo se prolongó un tiempo más, al menos hasta bien entrada la primavera. Incluso, durante los meses de permanencia, también realizó algunos trabajos particulares en las instalaciones de su estudio, como retratos y grupos de familia.

Esta serie, a diferencia de las imágenes que integran La Solicitud de 1902, que fue confeccionada con fotografías preexistentes y de varios autores, tiene la particularidad de haber sido realizada en un breve lapso de tiempo, con una misma intención, por una misma persona y para un fin específico.

Esto nos permite catalogarla como la primer Serie Documental realizada sobre Santa Rosa.

Mientras Marostica fotografiaba un desolado paraje que pretendía urbanizarse, el 28 de diciembre de ése mismo año, en el sótano de un bar de la iluminada París, los hermanos Lumiere proyectaban “La salida de la fábrica” y sorprendían al mundo. Nacía el cine.

 Autores de la Investigación: Guillermo López Castro y Jimmy Rodrígue, responsables de la Fototeca Bernardo Graff del Archivo Histórico Provincial.