Luis Monreal

Galería

Esta galería contiene 27 fotos

Desde su puesta online en junio de 2008, la Fototeca Bernardo Graff se ha visto beneficiada por su interacción con la comunidad de usuarios e investigadores. Y es precisamente la extraterritorialidad que posibilita Internet, la razón por la que pudimos establecer contacto con descendientes … Sigue leyendo

Los cines en Latinoamérica, 1923-1967

Fundación MAPFRE HISTORIA

Cine Marconi, Argentina (Santa Rosa, La Pampa).

AR-Marconi_tcm225-84824

Ubicación: Quintana 54, Santa Rosa (La Pampa) Arquitecto/s: sin datos Lenguaje arquitectónico: Art-Déco Estado actual: reutilizado Fotógrafo: sin datos Fecha de realización de la imagen: 16 de mayo de 1938 Inaugurado el 16 de mayo de 1938, la sala del cine Marconi ocupó lo que fuera el espacio de la primera sede de la Sociedad Italiana en la provincia de La Pampa. La labor que ocuparon las asociaciones de colectivos extranjeros fue importante para la instalación de los cines en el interior argentino, con ellos se establecieron lugares de encuentro y recreación que consolidaron la vida en comunidad alejados de los centros urbanos.

Fondo Filippini en Museo del Cine “Pablo Ducrós Hicken”

Desde del Archivo Histórico Provincial “Prof. Fernando Aráoz”, dependiente de la Subsecretaría de Cultura del Gobierno de La Pampa, se entregaron en calidad de guarda, 29 películas (rollos) en nitrato de 35mm., al Museo del Cine “Pablo Ducrós Hicken” de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, con el acuerdo y autorización de los herederos directos del Sr. Domingo Filippini.
Estas 29 cintas (con numeración del 101 al 129 inclusive), fueron depositadas en dicho Museo para su adecuada conservación, atendiendo a un acuerdo previo entre las partes involucradas.

Cabe destacar que el Museo del Cine, cuenta con un depósito especial destinado a este tipo de películas de alta peligrosidad, motivo por el cual se decidió su traslado desde el Archivo Histórico Provincial, espacio donde permanece el resto del material entregado por la familia Filippini. Estas películas digitalizadas se encuentran en el Archivo Histórico Provincial para su difusión y consulta. (El Archivo, está situado en Bartolomé Mitre Nº 85, ciudad de Santa Rosa, y su horario de atención es de lunes a viernes, de 08:00 a 16:00hs.).

Todo el material ingresado al Museo del Cine, fue controlado por personal técnico de ambos organismos, para cotejar su correspondencia con la descripción y datos enviados anteriormente desde el Archivo Histórico Provincial.

“Fondo Filippini”:
Recordamos que la Subsecretaría de Cultura del Gobierno de La Pampa , junto a la familia Filippini, presentaron en septiembre del 2013, el material fílmico -digitalizado- de Domingo Mauricio y Domingo (h) Filippini, resultado de un minucioso trabajo realizado en el Archivo Histórico Provincial “Fernando E. Aráoz”.

Dicha digitalización corresponde al Programa “Conservación y Puesta en Valor del Patrimonio Documental: cambio de soporte” del Archivo Histórico Provincial, que tuvo por objetivos transferir documentación a un soporte más perdurable, y propiciar la preservación del documento conservando el valor informativo y jurídico de los originales. Es así que en el marco de este programa, se elaboraron los proyectos: “Fondo Filippini: digitalización de las fotografías y cambio de soporte de las películas”.

Domingo Mauricio Filippini nació en 1886 y se radicó en General Pico en 1912, donde tuvo una escuela – galería de fotos y el cine Belgrano Park. Le aportó fotografías a L. Brudaglio para su álbum gráfico de General Pico en 1915. Realizó películas publicitarias, documentales y algunos cortometrajes como “Carlitos en La Pampa” en la década del ’20 y “Lluvia de ceniza” en 1932. Distribuía películas de la Paramount y proyectores en La Pampa, Córdoba y provincia de Buenos Aires. Falleció el 23 de mayo de 1973.

Su hijo Domingo nació en General Pico el 27 de julio de 1916 y falleció en la misma ciudad el 30 de mayo de 2013, a los 96 años. Comenzó a sacar fotos a los 8 años con una cámara que le regaló su papá. Entre ambos documentaron fotográfica y fílmicamente la lluvia de cenizas volcánicas que cayó en la región en abril de 1932. También hizo cortos publicitarios y periodísticos, y publicidades con dibujos animados. En los comerciales cómicos actuaba el vecino piquense Juancito Costantino. Trabajó en el Belgrano Park, que se incendió en 1936. Fue fotógrafo del diario La Reforma e implementó un sistema técnico (clisés) con el que se podía publicar la foto de un hecho al día siguiente de que ocurriera, algo inédito en la zona.

Pedro Monmany. Fotografía de prensa y memoria social en Sudamérica

Nos he grato compartir con ustedes lo hecho por el blog Americano – Suplemento especial del magazine on line Por una convivencia urbana posible (FEPSU), quienes rescataron la historia del fotógrafo catalán y en consecuencia las investigaciones realizadas años atrás por esta fototeca, en pos de la identificación de los pioneros del arte fotográfico en La Pampa. Vínculo a la nota: Fotografía de prensa y memoria social en Sudamérica

carnet-revista-pbt-web

 

 

Pedro Monmany: El primer reportero gráfico de La Pampa

“Es preciso ser absolutamente modernos”

Arthur Rimbaud

El año 1907 no podría haber comenzado mejor para los habitantes de la ciudad, que veían en todo cuanto ocurriese símbolos de modernidad y progreso. El 6 de enero entra a la estación a las 9:29 de la mañana el primer tren “rápido” que, en poco más de diez horas, cubría el trayecto entre Santa Rosa y Buenos Aires.

El pensamiento positivista de la época queda ilustrado al introducirse en una crónica de La Capital comentando la presencia de dos corresponsales de la revista Caras y Caretas, quienes –dice el diario-, no salen del asombro ante tanto “progreso y adelantos” que muestra el Territorio.

Es precisamente ésta visita la que influirá en el joven fotógrafo Pedro Monmany para incursionar en una especialización que recién comenzaba a tomar forma. La aparición de nuevas tecnologías aplicadas a las artes gráficas estaban haciendo florecer gran cantidad de publicaciones y revistas ilustradas y los periódicos se vieron obligados a incorporar imágenes informativas para no perder lectores.

A partir de 1908 el diario local comienza a publicar fotografías en sus tapas aunque no con demasiada frecuencia ya que no contaba con taller propio de fotograbado. Esta carencia se suplía enviando las fotografías a una imprenta de Bahía Blanca que confeccionaba los clichés y los reenviaba varios días después, siempre por medio del ferrocarril.

Pedro Monmany y Eugenio Sesmero, otro joven tan proclive a las aventuras como él, se lanzan por los campos y poblados de La Pampa para realizar una serie de crónicas periodísticas que el diario irá publicando alternadamente bajo el título “En viaje”.

Salimos de Castex el 4 del corriente, a las 9 am, haciendo un recorrido de más de tres leguas entre campos arados, en mucho de ellos brotando ya el trigo. Después recorrimos trozos de montes y de pampa, dedicados a la ganadería. Estos campos, aunque han sufrido con la sequía, mantienen los animales en regular estado de gordura.

A las 12 a m llegamos a un punto ubicado en el lote 20 de la letra D, sección I, donde dimos un descanso a los caballos y almorzamos suculenta gallina con que nos obsequió un amable criollo, de apellido Rivero, a cargo del puesto El Agual que está a setenta metros de profundidad; pero es buena. Más la Norte, en un paraje que denominan Pozo Hondo, por donde también pasamos el agua se extrae a los 106 metros de profundidad por medio de baldes volcadores, tirados a dos caballos, pues allí todavía no se han establecido molinos ni motores, que simplificarían abaratarían mucho esta operación.

En la tarde pasamos por el lugar que ocupó en otro tiempo la casa de negocios “La Proveedora” y que hoy está transformada en chacras.

Marchamos desde entonces entre campos arados. Nuevas colonias que se levantan a nueve y diez leguas de los ferrocarriles, a la espera que llegue el ramal del F. C. Del Oeste que pasará por Intendente Alvear y llegará al Lote 21 de la Letra A.

Llegamos hasta el ángulo Nor-Este del Lote 5 de la Letra C de la Sección VII, donde hace un mes ha instalado un boliche y casa de hospedage, un comerciante italiano venido de Meridiano V. Aquel boliche es la salvación de los viajeros y especialmente de nosotros, pues llegaba la noche, el frío arreciaba y teníamos la desgraciada perspectiva de pasar al raso o cobijados en un mal rancho donde los abugeros dejan pasar libremente la helada y las frías corrientes de aire.

Este boliche es el primero que se establece en la Colonia “La Elina”, establecida en los lotes 5 (mencionado) y 1 y 2 de la letra D Sección I, por los señores Chapeaurouge y Bernengo. Son 30.000 hectáreas, propiedad del señor Antonio Devoto. Allí está el agua desde 8 a 10 metros de profundidad, y aunque aún quedan algunas majadas de ovejas, se van colocando muchas chacras, varias de las que ya han sido roturadas y sembradas con trigos y otros se preparan para maíz.

En la parte Norte de esta colonia, está el lote 21 de la letra A Sección I, también del señor Devoto, a donde llegará el ramal férreo a que nos referimos más arriba y en el cual se formará un pueblo rodeado de chacras. El pueblo planteará inmediato a la estación terminal del ferrocarril, cuyo punto exacto aún no se conoce; pero ya están vendiendo chacras de 100 hectáreas a 100 pesos cada hectárea y a cómodos plazos. Quizás se denomina Calicurá, por ser ese el nombre de un monte próximo.

El campo es bueno, pastoso y el agua esta cerca y aunque hay algunas vetas de tosca, la mayor parte carece de este inconveniente para el cultivo de la alfalfa.

La noche del 4 al 5 fue crucial. El termómetro bajó hasta 6º grados bajo cero y la helada blanqueó los campos hasta la diez de la mañana siguiente.

Poco antes de las diez del 5, pusimosnos nuevamente en viaje hacia Parera, costeando el alambrado del lote 25 que pertenece al señor Jorge Duwdall, socio y gerente de la Barraca de Rancul y después de recorrer un poco más de 10 kilómetros entramos a la colonia “La Alfalfa”, ubicada en el lote 20 y en cuyo esquinero Noroeste está una casa de negocio que ofrece al viajero, su punto de descanso.

De allí a Parera, no hay más que tres leguas, que recorrimos entre alfalfares y terrenos cultivados, en muchos de los cuales el trigo está brotando, cubriendo el paisaje de un matiz simpático de verde claro, que alegra la vista. Las tierras de por aquí, se ven que son muy buenas, que a pesar que en cuatro meses apenas les ha caído algunas gotas de rocío a la vegetación se manifiesta ya, no exuberante pero sí ya más lozana que …… Se nota hasta humedad en estas tierras labradas. Se encuentra con grandes parbas de alfalfa…..las chacras, con rastrojos de …que se ha cosechado este año…en abundancia, en cantidad suficiente para salvar a los agricultores.

Los animales de trabajo y las haciendas que se ven, son gordas. El….que esto parece otro mundo.

(Continuará)

Simultáneamente, aprovecha sus frecuentes viajes con el cronista para conformar una importante colección de fotografías del Territorio que serían usadas en un proyecto más ambicioso: La Guía Ilustrada de La Pampa, un emprendimiento editorial que nunca llegó a imprenta pero que estuvo muy cerca de concretarse. Por esos días, el diario La Capital comenta que para dicho proyecto, Monmany ya contaba con un archivo personal de más de trescientas imágenes sobre todo tipo de actividades.

Entre 1908 y 1911 viajó por todo el norte y el este de la provincia, registró una buena cantidad de procesos fundacionales, las grandes estancias y la floreciente actividad rural. En Santa Rosa registrará el surgimiento de industrias mayores, como el molino de Bancalari, la primer usina; la obra pública, como el nuevo hospital y lo institucional, mayoritariamente temas relativos a la educación.

Monmany no limitará su actividad periodística al diario La Capital y se vinculará con la revista PBT, publicación de gran tiraje y de alcance nacional, competidora de Caras y Caretas, que lo nombrará corresponsal gráfico.

Es bueno recordar que por ese entonces la fotografía de prensa no se diferenciaba en nada de cualquier fotografía comercial producida por otros fotógrafos excepto por la intención o el contratante. Aún existían importantes limitaciones técnicas como para poder registrar “instantáneas” y las cámaras no eran lo suficientemente ligeras y maniobrables como para permitirle al fotógrafo demasiada libertad en sus movimientos.

Hubo que esperar varios años más, hasta la década de 1930, para que se impusieran las legendarias Leica, pequeñas, rápidas, confiables, portátiles, casi imperceptibles para el fotografiado y con película flexible en rollos, lo que permitió a la fotografía de prensa desarrollar un lenguaje propio y contundente bastante parecido al que aún subsiste en la actualidad.

Pero éste catalán es un volcán en erupción y comienza a dar por agotada esa etapa de su vida para embarcarse en un nuevo proyecto. En 1911 monta un estudio fotográfico de última generación al que le agrega una serie de novedades que causarán sensación en la capital del Territorio, pero de esto hablaremos en la próxima entrega.

Texto: Jimmy Rodríguez

Investigación: Guillermo López Castro y Jimmy Rodríguez

Fototeca Bernardo Graff / AHP

Artículos relacionados

Un volcán llamado Pedro Monmany (I Parte)

Colección Pedro Monmany (Próximamente)

Un volcán llamado Pedro Monmany (I parte)

Justo cuando comenzaba el siglo XX, llega a La Pampa un joven catalán que introducirá en el ámbito local un concepto absolutamente modernista de la fotografía. Hombre de aventuras, espíritu inquieto y personalidad desbordante, llevará una vida tan intensa como breve.

Nacido en Rubí, cerca de Barcelona en 1881, llega a Buenos Aires con sus padres y hermanos. Un típico conventillo de la calle San Juan, donde se hacinan inmigrantes de distintas lenguas, albergará a la familia de recién llegados.
Apenas mayor de edad, el inquieto Pedro Monmany abandona Buenos Aires y se encamina hacia las promesas de fortuna del promocionado nuevo territorio. Santa Rosa ya ostentaba el título de capital provisoria y, como sede del gobierno, se perfilaba como la mejor opción para quienes quisieran probar suerte tierra adentro.

A mediados de 1901, el joven Pedro llega y comienza a trabajar como dependiente en la farmacia Santa Rosa, del farmacéutico diplomado Luis Badía, tan catalán, practicante católico y de Rubí como los Monmany. Es muy probable que las familias se conocieran previamente y por eso el joven decidiera venir sobre el ofrecimiento de un empleo seguro. No tardará en sentirse atraído por la fotografía y en aprovechar las facilidades que ofrece una farmacia, por ese entonces equipadas como laboratorios químicos y con abundante stock de productos, para comenzar como aficionado.

En 1902, el diario La Capital acusa recibo de las fotos enviadas por Monmany a la redacción y lo mencionan por primera vez.
“Álbum fotográfico. Acusamos recibo de las siguientes fotografías cuyo regalo agradecemos. Estación General Lagos en el momento de entrar el tren que condujo al Gobernador Dr. Diego González., Chalet de Tomás Mason y jardín de su frente, tomado en perspectiva. Ambas vistas son instantáneas y muy ricas en detalles, tomadas por el joven Sr. Monmany.” (La Capital, edición del 18 de octubre de 1902).

Es de suponer que sus intentos como practicante venían desarrollándose desde un tiempo anterior y que obsequió las fotografías cuando ya había alcanzado una calidad aceptable.
Los obsequios de Monmany al diario (que no podía publicar fotografías pero en cambio las describía, tanto de jóvenes aficionados como de reconocidos profesionales) continuaron con frecuencia durante ése año y los subsiguientes.
La vida del fotógrafo dará un vuelco trascendental en 1904 cuando se casa con Teresa Badía, hija de su empleador y se hace cargo de un nuevo rubro en la farmacia, la sección “óptica y fotografía”, que no era otra cosa que un servicio de laboratorio para aficionados y la venta de insumos.
Éste año lo dedicará de lleno a la preparación de su lanzamiento como fotógrafo y comienza a realizar una extensa serie de postales sobre la ciudad, a frecuentar –y fotografiar- reuniones sociales favorecido por su vinculación familiar con los Badía, a viajar, con el mismo propósito, por los pueblos y visitar los establecimientos rurales más importantes del momento.

En mayo de 1905 aparece en La Capital el primer anuncio publicitario de Pedro Monmany que ya lo posiciona como profesional y que se mantendrá constante durante todo el año:

“Tarjetas postales ilustradas con vistas de localidades y parajes de La Pampa. Hay un surtido variadísimo y permanente en la sección Fotografía de la Farmacia Santa Rosa. Pedidos y encargos. P. Monmany”.

También en éste período consolidará su relación social y comercial con los sectores vinculados al poder político, religioso y educativo, fotografías que se encargaba de hacer llegar al diario y que éste describía detalladamente. Aun existen una buena cantidad de originales de su autoría dedicados a temas escolares y muchas de esas imágenes fueron utilizadas por la primer docente de Santa Rosa para ilustrar el relato histórico presentado en 1942 y que hoy conocemos como “colección Enriqueta Schmidt”.

Pero Monmany es un volcán en permanente erupción que no se contenta con nada y siempre va por más. Mientras se consolidaba como fotógrafo, abre, en sociedad con su hermano Ramón, recientemente arribado a Santa Rosa, el “Gran Bazar del Siglo”, que era peluquería, perfumería y venta de artículos para hombres. También allí colocará un escaparate, abundantemente publicitado en el diario, para comercializar su producción de postales. Se mantendrá alejado del comercio, que solo será atendido por su hermano mientras él se dedica cada vez más a la producción fotográfica.
Su relación de amistad con directivos y empleados del diario La Capital le permitió tomar contacto con el equipo periodístico de la revista Caras y Caretas cuando visitaron La Pampa en 1907. E. Holmberg, jefe de redacción, y el fotógrafo holandés Albert Voijtech prolongaron su estadía por algo más de una semana para concretar entrevistas y recorrer distintos puntos de la provincia.
Mientras, mantenían su base de operaciones en la redacción del diario local. Monmany, tan inquieto como atento, entendió de inmediato que ése era otro campo de la fotografía que valía la pena transitar y al poco tiempo se lanza de lleno para convertirse, a fines de 1907, en el primer reportero gráfico de La Pampa. Pero esto lo vamos a desarrollar en la próxima entrega.

Texto: Jimmy Rodríguez
Investigación: Guillermo López Castro y Jimmy Rodríguez
Fototeca Bernardo Graff /AHP