Fondo Filippini en Museo del Cine “Pablo Ducrós Hicken”

Desde del Archivo Histórico Provincial “Prof. Fernando Aráoz”, dependiente de la Subsecretaría de Cultura del Gobierno de La Pampa, se entregaron en calidad de guarda, 29 películas (rollos) en nitrato de 35mm., al Museo del Cine “Pablo Ducrós Hicken” de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, con el acuerdo y autorización de los herederos directos del Sr. Domingo Filippini.
Estas 29 cintas (con numeración del 101 al 129 inclusive), fueron depositadas en dicho Museo para su adecuada conservación, atendiendo a un acuerdo previo entre las partes involucradas.

Cabe destacar que el Museo del Cine, cuenta con un depósito especial destinado a este tipo de películas de alta peligrosidad, motivo por el cual se decidió su traslado desde el Archivo Histórico Provincial, espacio donde permanece el resto del material entregado por la familia Filippini. Estas películas digitalizadas se encuentran en el Archivo Histórico Provincial para su difusión y consulta. (El Archivo, está situado en Bartolomé Mitre Nº 85, ciudad de Santa Rosa, y su horario de atención es de lunes a viernes, de 08:00 a 16:00hs.).

Todo el material ingresado al Museo del Cine, fue controlado por personal técnico de ambos organismos, para cotejar su correspondencia con la descripción y datos enviados anteriormente desde el Archivo Histórico Provincial.

“Fondo Filippini”:
Recordamos que la Subsecretaría de Cultura del Gobierno de La Pampa , junto a la familia Filippini, presentaron en septiembre del 2013, el material fílmico -digitalizado- de Domingo Mauricio y Domingo (h) Filippini, resultado de un minucioso trabajo realizado en el Archivo Histórico Provincial “Fernando E. Aráoz”.

Dicha digitalización corresponde al Programa “Conservación y Puesta en Valor del Patrimonio Documental: cambio de soporte” del Archivo Histórico Provincial, que tuvo por objetivos transferir documentación a un soporte más perdurable, y propiciar la preservación del documento conservando el valor informativo y jurídico de los originales. Es así que en el marco de este programa, se elaboraron los proyectos: “Fondo Filippini: digitalización de las fotografías y cambio de soporte de las películas”.

Domingo Mauricio Filippini nació en 1886 y se radicó en General Pico en 1912, donde tuvo una escuela – galería de fotos y el cine Belgrano Park. Le aportó fotografías a L. Brudaglio para su álbum gráfico de General Pico en 1915. Realizó películas publicitarias, documentales y algunos cortometrajes como “Carlitos en La Pampa” en la década del ’20 y “Lluvia de ceniza” en 1932. Distribuía películas de la Paramount y proyectores en La Pampa, Córdoba y provincia de Buenos Aires. Falleció el 23 de mayo de 1973.

Su hijo Domingo nació en General Pico el 27 de julio de 1916 y falleció en la misma ciudad el 30 de mayo de 2013, a los 96 años. Comenzó a sacar fotos a los 8 años con una cámara que le regaló su papá. Entre ambos documentaron fotográfica y fílmicamente la lluvia de cenizas volcánicas que cayó en la región en abril de 1932. También hizo cortos publicitarios y periodísticos, y publicidades con dibujos animados. En los comerciales cómicos actuaba el vecino piquense Juancito Costantino. Trabajó en el Belgrano Park, que se incendió en 1936. Fue fotógrafo del diario La Reforma e implementó un sistema técnico (clisés) con el que se podía publicar la foto de un hecho al día siguiente de que ocurriera, algo inédito en la zona.

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Colección Bernardo Graff – Pampa Central (1892 – 1907)

Esta galería contiene 1 foto

Originalmente publicado en Fototeca Bernardo Graff:
La Pasión según Bernardo Graff Bernardo Graff, alemán nacido en 1858 en la pequeña localidad de Spremberg, Brandenburgo, muy cerca del límite con la Sajonia, deja atrás un paisaje bucólico de bosques y ríos…

Galería

22 abril 2014 – 122 Aniversario de Santa Rosa. Muestra fotográfica Colección Enriqueta Schmidt

Con motivo de un nuevo aniversario de nuestra ciudad, el Archivo Histórico Municipal “Hilda Paris”, la Universidad Nacional de La Pampa (UNLPam) y la Fototeca Bernardo Graff del Archivo Histórico Provincial “Prof. Fernando E. Aráoz” presentan la muestra fotográfica “Tras las huellas del relato fotográfico de los “Primeros Pasos” de Santa Rosa”. Aportes para la conservación del patrimonio cultural pampeano. La propuesta consiste en una Selección de fotografías y documentos pertenecientes a la Colección Fotográfica “Enriqueta Schmidt”, que fuera rescatada y puesta en valor mediante la realización del Proyecto de Extensión Universitaria realizado por la UNLPam en 2006 – 2008.

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Las primeras décadas de nuestro pasado, personajes, lugares, acontecimientos sociales, vida cotidiana y costumbres podrán apreciarse en el hall de la Municipalidad de Santa Rosa, a partir de las 10 hs. del día 22 abril hasta el 2 de mayo de 2014.

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Pedro Monmany. Fotografía de prensa y memoria social en Sudamérica

Nos he grato compartir con ustedes lo hecho por el blog Americano – Suplemento especial del magazine on line Por una convivencia urbana posible (FEPSU), quienes rescataron la historia del fotógrafo catalán y en consecuencia las investigaciones realizadas años atrás por esta fototeca, en pos de la identificación de los pioneros del arte fotográfico en La Pampa. Vínculo a la nota: Fotografía de prensa y memoria social en Sudamérica

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Centenario de “Foto Amé” – Ingeniero Luiggi – La Pampa

Bautista Amé en el año 1914.

Bautista Amé en el año 1914.

El 14 de marzo de 2014, se cumplen 100 años de la casa de fotografía “Foto Amé”, tres generaciones que hasta hoy, continúan brindando sus servicios y dedicación a esta disciplina de las artes visuales, en la localidad de Ingeniero Luiggi.

Por tal motivo, y en reconocimiento a esa trayectoria, la subsecretaria de Cultura, Prof. Analía Cavallero, acompañada por el intendente Guillermo Bertone, e integrantes de la familia Amé, visitó el pasado domingo la casa museo que tiene la familia, siendo recibidos por Ofelia Amé (hija del fundador), quien amablemente fue relatando una asombrosa historia familiar, a través de imágenes y objetos, verdaderos protagonistas y testigos del devenir de la localidad y la zona.

En dicho museo, pueden observarse fotos de Bautista Amé -el fundador de la casa fotográfica-, cámaras antiguas, fotos sociales de diferentes épocas que llegan hasta la actualidad, fotografías pintadas, objetos utilizados en escenografías montadas para cada ocasión (bautismos, casamientos, cumpleaños de 15); hasta llegar a  un sorprendente bastón que se transforma en un trípode regulable en altura, verdadero objeto de avanzada para su época.  Esta Casa Museo está abierta al público, y puede visitarse de 8 a 12hs. y de 17 a 20hs. con un recorrido guiado a cargo de la propia Ofelia.

Posteriormente, todos se trasladaron al Cine Teatro Municipal, donde se proyectaron fragmentos de la  película“El pañuelo de Clarita”, en adhesión a los 100 años de la Casa “Foto Amé”. Se trata de un film mudo, cuyo autor fue el fundador de la Casa Amé, el señor Bautista Amé, estrenada en el Cristal Palace de la calle Corrientes de Buenos Aires en el año 1919. A continuación llegó a la pantalla, “Tío Rico”, una comedia rodada, producida y editada íntegramente en Ingeniero Luiggi por un grupo entusiasta de vecinos, que cuenta con la participación de Diego Amé, nieto de Bautista.

Casa “Foto Amé” – Ingeniero Luiggi – La Pampa

Reseña histórica

Bautista Amé llegó a estas tierras en 1904, procedente de la región italiana del Piamonte. Contaba con sólo 15 años y traía consigo el oficio de carpintero, heredado de su padre. En los primeros años de su llegada al país, se radicó en Rosario (Santa Fe), donde trabajó en la Sección Carpintería del Departamento Vías y Obras del entonces Ferrocarril Central Argentino.
Años después llega al Lote XXI; Sección 1° de la Pampa Central, en los días en que se realizaban los remates de campos, quintas y solares del “Pueblo y Colonia Ingeniero Luiggi”, que Antonio Devoto había fundado en 1910.
Bautista Amé adquirió un solar donde instaló su vivienda particular y siguió trabajando como carpintero.
En el año 1913 aproximadamente comenzó su gusto por la fotografía; adquiriendo los rudimentos de este arte bajo la orientación del entonces director de la centenaria Escuela N° 76, el señor Domingo Mantovani.
El 14 de Marzo de 1914 se considera como la fecha simbólica en la que Bautista fundó su propio gabinete de fotografía, al que denominó “La Pampa”. Pero este nombre fue luego cambiado por el de “Foto Amé”, que se ha convertido, a través del tiempo, en un emblema.
En 1917, cuando fallece su primera esposa, Bautista deja su negocio en manos de José Saracco y se radica por un tiempo en Buenos Aires, con fines de capacitarse en las nuevas técnicas de encuadre e iluminación y conocer los materiales y equipos que llegaban de Estados Unidos y Europa. Allí escribió el guión de la película “El pañuelo de Clarita”, de la cual fue además productor, actor y director.
En 1919 regresa a Luiggi y expande su negocio, instalando una galería con paredes y techo vidriado para aprovechar mejor la luz; arma cortinados movibles para las diferentes “tomas”; convirtiéndose así en el lugar donde acudían las personas de Luiggi y la zona a retratarse.
Bautista plasmó con su cámara innumerables acontecimientos sociales, culturales y deportivos, formando así un rico archivo de imágenes.
Contrajo matrimonio por segunda vez y tuvo siete hijos, que se sumarían a los dos mayores de su matrimonio anterior. Sus hijos continuaron la empresa familiar. Unos se dedicaban al retocado de las fotos y otros a pintarlas, cuando aún no existían las fotos en color. La toma de fotografías quedaría en manos de quien durante casi 60 años, fue el fotógrafo “emblemático” de una amplia zona: José Mateo Amé “Pepe”. Este reconocido profesional tuvo una amplísima trayectoria, volcando su creatividad y verdadera pasión en su oficio; recibiendo entre otros, el Premio “Testimonio” (1999) otorgado por el Gobierno de La Pampa a través de la Subsecretaría de Cultura,  y el aprecio de todo aquel que haya quedado registrado en su cámara. También y durante 15 años fue colaborador del diario La Reforma de General Pico, entregando una gran variedad de notas y fotografías.
José dejó su legado a su hijo Diego, quien representa la tercera generación de fotógrafos profesionales de la familia.
La historia parece repetirse, ya que Diego filmó en colaboración con la Sociedad “Amigos de las Cupecitas” una película llamada “Tío Rico”, que fue estrenada en el año 2013 y protagonizada por vecinos de Luiggi y localidades vecinas, teniendo muy buena repercusión entre el público.
Así, “Foto Amé” llega a sus 100 años de ininterrumpida labor, siempre en el local original desde los tiempos de su fundación, manteniéndose continuamente a la vanguardia de los adelantos tecnológicos; no sólo en  fotografías sino también en vídeo filmaciones, conservando un importante archivo en un óptimo estado de conservación.

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Prueba de amor

Los Filippini filmaron y fotografiaron la caída de ceniza volcánica de 1932.

Los Filippini filmaron y fotografiaron la caída de ceniza volcánica de 1932.

El logro en esta nota de Estela Filippini, reside en parte en su condición de testigo privilegiada como nieta de Domingo Mario e hija de Domingo Filippini, fotógrafos radicados en General Pico y autores de la obra fotográfica documental más grande de La Pampa. Por otro lado,  el contenido y estilo de la autora,  consiguen acercarnos al contexto histórico, al trabajo cotidiano en el estudio y en el taller de fotografía, así como también a los propósitos, sueños y afectos que movilizaron a sus legendarios productores.

UNA PRUEBA DE AMOR

En un conocido ensayo en el que explora los nexos entre lo real y lo imaginativo, Borges recuerda una particular cita de Coleridge: “Si un hombre atravesara el Paraíso en un sueño, y le dieran una flor como prueba de que había estado allí, y si al despertar encontrara esa flor en su mano…entonces ¿qué? “.

Conocí a un hombre que atravesó la pampa en un sueño, y que al despertar encontró en sus manos la prueba irrefutable de que su viaje había sido cierto: un interminable manojo de imágenes que se constituyeron en una ilusión tan poderosa que desde hace más de un siglo condicionan, a su modo, las representaciones sociales de nuestro entorno pueblerino y pampeano.

Es muy probable que esta circunstancia haya estado muy lejos de sus ambiciones o voluntad de fotógrafo, sin embargo abre la discusión acerca del lugar y el alcance de sumétier, y de las inesperadas consecuencias de haberse entregado a él obsesivamente y con una pasión admirable.

MINUCIOSO RECUENTO

Las fotografías que componen la Colección Filippini, tomadas por mis abuelos primero, y luego por mi padre,  van desde la mítica foto de la fundación de 1905 hasta las últimas del estudio, a finales de la década del ’80, y son el minucioso recuento de la vida de una ciudad y  una región, y su gente, sus costumbres, sus modos de vida,  las épocas que atravesó con diversa suerte, sus hitos históricos,  sus esperanzas, decepciones  y  realizaciones.

Prevalece en ellas la idea del documento, asociada con fuerza al concepto de verdad y a la presuposición de la existencia de una objetividad que a su vez  era un valor reconocido universalmente.  Seguramente nadie ponía en duda, en los años tempranos de la historia de General Pico,  que esas imágenes fueran una representación de la realidad “tal cual es”.

MOSTRAR LA AMÉRICA

Los relatos familiares cuentan que en los inicios, los principales clientes de la incipiente Casa de Fotos Venus- así se llamó cuando fue  inaugurada en 1912- eran los gringos que querían fotografiarse en el campo rodeados de braceros y  bolsas de granos apiladas frente a los galpones simbolizando el  éxito de las cosechas, o en familia,  frente a sus casas en plena construcción, y  en las huertas y patios con sus hijos nacidos en Argentina , junto a sus recientes adquisiciones, casi siempre un automóvil o herramientas de labranza.  El objetivo explícito era “mostrar”, a los parientes que habían quedado en Europa, cómo progresaban en la nueva tierra.

La película filmada por Filippini padre en 1928 a pedido de la colectividad española para enviar a la Feria de Sevilla, es también el resultado de esa necesidad de exhibir los logros del trabajo de los inmigrantes españoles en esta parte del mundo. En ella se muestran las calles céntricas,  las fábricas de los alrededores, el movimiento incesante de carros y coches, se ven multitudes sentadas a las mesas de los bares del centro, los frentes de los comercios,  los profesionales y las autoridades de la época en sus lugares de trabajo, las instalaciones del ferrocarril, el telégrafo, el hospital, los  clubes, y todo el quehacer de una ciudad que hace gala de su pujanza, su prosperidad y su capacidad para crecer.

FOTOS DE ESTUDIO

Más adelante, ya devenida Fotografía Filippini e instalada desde 1915 en su lugar definitivo de la calle 20, se intensificó, en razón de las demandas de la época, la foto de estudio. Comenzó así el permanente desfile de recién casados, niños pequeños, comuniones, quinceañeras y familias que concurrían a realizarse la tradicional foto de ocasión.  Las “caritas” primero, luego las “siluetas” y las extraordinarias novias de los años ’50 en adelante,  pasaron a ser los clásicos de la Casa de Fotos. El salón de exposición, con dos puertas a la calle  en los extremos que permitían un paso cómodo por el lugar y un espacioso banco para descansar, era la visita obligada de los fines de semana. Todos iban allí a ver, a verse y saberse vistos.  Era todo un acontecimiento haber sido elegidos por Filippini para que la propia  imagen estuviera exhibida allí durante una larga temporada. La galería de fotos, ese soporte de publicación más evolucionado que el álbum que se guardaba celosamente en los hogares, logró abrir otro canal de lectura de las imágenes que se imprimió con fuerza en el imaginario de un pueblo pequeño como el General Pico de las primeras décadas y continuó hasta comienzos de los ’90.

VIDA SOCIAL

Todavía la visita al estudio era una práctica social obligada y la concurrencia del fotógrafo profesional al ámbito privado era la forma más valorada para tener registrados los sucesos familiares y sociales.  Por tanto, en ese contexto el salón de exposiciones adquiría un valor similar al que hoy ocupan las redes sociales, tan cuestionadas por el supuestamente novedoso componente narcisista que implican y que sin embargo no difieren demasiado de aquellas muestras de fotos tan apreciadas por los piquenses y pampeanos de la época, para quienes formar parte de esas colecciones era un hito en su vida social. Las fiestas de casamiento, cumpleaños, comuniones, compromisos y otras del entorno hogareño se hacían públicas en esas exposiciones y  se convirtieron en el objeto de deseo de aquella sociedad pueblerina.

EXPOSICIÓN

Profundizando el uso del soporte-exposición, en el año ’55 mi padre, con la ayuda de mi madre, decide realizar la primera muestra retrospectiva de fotografías documentales de la ciudad con motivo del 50° aniversario de su fundación. El salón se engalana con las fotografías más emblemáticas y preside la exhibición la foto mural que muestra la colocación de la piedra fundamental.  Es la primera vez, hasta donde sé, que se exponen las fotos de la colección con la intención expresa de realizar un relato histórico del devenir de General Pico. Si bien las fotografías existían, y esto era de público y notorio, aparece aquí la intencionalidad de mostrarlas en un continuum histórico, como una narración.

Según sé, las fotografías se elegían por su calidad técnica, pero también por su capacidad para reconstruir la historia del pueblo.  Yo era muy niña en esa ocasión, pero en casa se habló durante  mucho tiempo de esa exposición que fue muy significativa, porque el deseo de mi padre era, una vez más, “mostrar” las imágenes que hacían de su querida ciudad un lugar especial. Si algo rescato de aquellos años, es ese orgullo auténtico que mi padre y mi abuelo sentían por La Pampa y en particular,  por el pueblo que tanto amaban.

EL TALLER

En la Casa de Fotos, detrás del Despacho, que era el lugar de atención al público, estaba lo que llamábamos el taller. Allí se retocaba, se cortaban los passepartouts,  se armaban los marcos, se preparaban los álbumes, y se realizaba la infinidad de tareas que constituyen la labor de un estudio fotográfico.  Era una especie de lugar mágico donde el trabajo era permanente, al que los amigos y parientes tenían acceso  y también nosotros, los niños y nuestros compañeros de juegos.  El taller era el corazón de la casa y de nuestra vida.

Estaba iluminado intensamente por la luz cenital de una claraboya inmensa que abarcaba la totalidad del techo y  que en verano se cubría con unas  lonas blancas que se deslizaban por  un sistema de alambres, corriéndolas desde abajo con unos bastones de madera larguísimos, para atemperar el calor. Allí la actividad, incesante, era amenizada por los tangos, los pasodobles, los foxtrots  y rancheras  que sonaban, a horarios restringidos, desde una inmensa  radio de madera.

AMAR LO PROPIO

Fue  en ese recinto lleno de voces, músicas, proyectos, pasión por el trabajo, expectativas y logros, donde  yo aprendí a amar mi tierra y mi ciudad.  Las fotos, viejas y nuevas, desfilaban permanentemente y todo era motivo de comentarios, relatos, historias de personas conocidas y desconocidas.  Cada rostro que aparecía, cada recoveco que las imágenes traían de los  caminos de la pampa, de cada árbol que iba creciendo o se plantaba, de los médanos,   las lagunas, las nevadas, los caldenes, las estancias y las chacras, todo tenía una historia que podía contarse, con lujo de detalles, a veces con picardía y siempre con  inmensa satisfacción. Allí percibí, como solo puede percibirlo un niño, los amores y las antipatías de mis mayores, sus códigos de amistad, sus tradiciones, pero por sobre todo, el orgullo de saberse parte de la historia de esta pampa y esta ciudad que  habían visto crecer y cuyos entresijos conocían como pocos.

MOMENTO HISTÓRICO

Seguramente  aquella exposición del  ’55,  de la que por tanto tiempo  se habló en casa, fue uno de los momentos culminantes de la historia de la Colección Filippini. Mi padre había comenzado a realizar series de fotos  a lo largo de los años volviendo a las mismas esquinas, casas, comercios e instituciones que ya habían sido fotografiadas por su padre, ubicándose  en el lugar exacto a horas similares, y fue completando el registro. Es vidente que era un proyecto compartido entre padre e hijo, pues mi abuelo, que había venido en 1912,  hacia 1915  había logrado integrar a su archivo  las placas que iban de 1905 a 1911, que solicitó y le fueron obsequiadas por el diario La Nación de Buenos Aires.

Dice Maupassant en el prólogo a su novela Pedro y Juan: “… la vida está compuesta por cosas totalmente diferentes, las más imprevistas, las más contrarias, las más contrapuestas; es brutal, sin sucesión, sin encadenamiento, repleta de catástrofes inexplicables, ilógicas y contradictorias, que deben clasificarse en el capítulo de los «sucesos corrientes». (…)  el artista, una vez elegido su tema, tomará tan sólo, de esta vida repleta de contingencias y casualidades, los detalles característicos útiles a su argumento, y rechazará todo lo demás, todo cuanto quede al margen de él”.

LA FOTO MÁS TRISTE

Sabemos que la vida de los pioneros nunca es sencilla.  Hubo épocas de bonanza pero también de escasez,  de revueltas, sequías intensas, dolores, traiciones, abandonos, retrocesos.  No es fácil construir una patria.  Tal vez la foto más triste para mi abuelo haya sido la que tomó desde el techo de su casa, cubriendo la llegada a Pico de la noticia de la caída de Irigoyen. Ese fue un día trágico para él, y queda la imagen, muy diferente de  las otras, de una multitud oscura y desencuadrada, apiñada frente a las pizarras del diario  La Reforma.

Sin embargo, en las fotos que componen la colección campean el optimismo, la mirada esperanzada, la certeza de que siempre habrá tiempos mejores. La pobreza no parece tan dramática, el sueño de un futuro mejor siempre está ahí, omnipresente, con los anarquistas cortando las vías a la altura de la calle 19 y 24, las   Romerías Españolas y los bares del centro, los niños con sus disfraces y sus carrozas en los Carnavales,  las escuelas recién fundadas, los vendedores ambulantes,  los desfiles patrióticos,  los gallegos en sus bares y negocios y los gringos luchando en el campo.

Sin esa selección a la que alude Maupassant,  la vida, que no tiene lógica aparente y es un absurdo aterrador, sería imposible de ser  vivida. Son esos relatos organizados según la voluntad de los hombres y mujeres comunes o los artistas los que confieren sentidos al caos que es la existencia.

PRUEBA DE AMOR

De  la Colección Filippini perduran unos 16.000 negativos y placas.  Es fácil deducir que en el transcurso de unos ochenta años se hayan tomado muchísimas más fotografías, y que las que hoy integran la colección son las que han sobrevivido a una edición previa, seguramente realizada por mi padre y mi abuelo.

Las que subsisten son la más bella prueba de amor a la tierra que mis antepasados pudieron dejar. Conforman el relato de una ciudad romántica, atada a la idea de progreso, animosa, fuerte, con un presente vigoroso y un porvenir ilimitado. Era esa la idea que sobrevolaba aquellos días de trabajo intenso en el taller.  El futuro estaba lleno de promesas, y sólo se necesitaban brazos valientes y perseverancia para alcanzarlo. Nada parecía imposible.  El trabajo como una pasión  y  la ciudad como el espacio amado eran la garantía de que los sueños se realizarían. No había allí imposibilidades ni límites, solo la certeza de la prosperidad indefinida.

Y al fin y al cabo, las fotos que deliberadamente han  quedado de esas visiones de mis mayores son como la rosa de Coleridge: vienen de un viejo sueño donde la pampa es el Paraíso y son la prueba de que ese paraíso existió, dejándonos el sabor esperanzado de que, aunque no lo hayamos visto, con ellas  lo podremos revivir.

Estela Filippini (15 de septiembre de 2013. Suplemento cultural Caldenia del Diario La Arena).

Exposición de fotografías en el local comercial de los Filippini, con motivo del cincuentenario de General Pico, en 1955.

Exposición de fotografías en el local comercial de los Filippini, con motivo del cincuentenario de General Pico, en 1955.

Amelia Castagnone, prima hermana de Domingo "Poroto" Filippini.

Amelia Castagnone, prima hermana de Domingo “Poroto” Filippini.

A la izq. Domingo Filippini (padre), junto a Ferdinando Castagnone.  Al fondo, puede observarse el riguroso orden del archivo fotográfico.

A la izq. Domingo Filippini (padre),junto a Ferdinando Castagnone. Al fondo, puede observarse el riguroso orden del archivo fotográfico.

Domingo "Poroto" Filippini en su estudio.

Domingo “Poroto” Filippini en su estudio.

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