Pedro Monmany: El primer reportero gráfico de La Pampa

“Es preciso ser absolutamente modernos”

Arthur Rimbaud

El año 1907 no podría haber comenzado mejor para los habitantes de la ciudad, que veían en todo cuanto ocurriese símbolos de modernidad y progreso. El 6 de enero entra a la estación a las 9:29 de la mañana el primer tren “rápido” que, en poco más de diez horas, cubría el trayecto entre Santa Rosa y Buenos Aires.

El pensamiento positivista de la época queda ilustrado al introducirse en una crónica de La Capital comentando la presencia de dos corresponsales de la revista Caras y Caretas, quienes –dice el diario-, no salen del asombro ante tanto “progreso y adelantos” que muestra el Territorio.

Es precisamente ésta visita la que influirá en el joven fotógrafo Pedro Monmany para incursionar en una especialización que recién comenzaba a tomar forma. La aparición de nuevas tecnologías aplicadas a las artes gráficas estaban haciendo florecer gran cantidad de publicaciones y revistas ilustradas y los periódicos se vieron obligados a incorporar imágenes informativas para no perder lectores.

A partir de 1908 el diario local comienza a publicar fotografías en sus tapas aunque no con demasiada frecuencia ya que no contaba con taller propio de fotograbado. Esta carencia se suplía enviando las fotografías a una imprenta de Bahía Blanca que confeccionaba los clichés y los reenviaba varios días después, siempre por medio del ferrocarril.

Pedro Monmany y Eugenio Sesmero, otro joven tan proclive a las aventuras como él, se lanzan por los campos y poblados de La Pampa para realizar una serie de crónicas periodísticas que el diario irá publicando alternadamente bajo el título “En viaje”.

Salimos de Castex el 4 del corriente, a las 9 am, haciendo un recorrido de más de tres leguas entre campos arados, en mucho de ellos brotando ya el trigo. Después recorrimos trozos de montes y de pampa, dedicados a la ganadería. Estos campos, aunque han sufrido con la sequía, mantienen los animales en regular estado de gordura.

A las 12 a m llegamos a un punto ubicado en el lote 20 de la letra D, sección I, donde dimos un descanso a los caballos y almorzamos suculenta gallina con que nos obsequió un amable criollo, de apellido Rivero, a cargo del puesto El Agual que está a setenta metros de profundidad; pero es buena. Más la Norte, en un paraje que denominan Pozo Hondo, por donde también pasamos el agua se extrae a los 106 metros de profundidad por medio de baldes volcadores, tirados a dos caballos, pues allí todavía no se han establecido molinos ni motores, que simplificarían abaratarían mucho esta operación.

En la tarde pasamos por el lugar que ocupó en otro tiempo la casa de negocios “La Proveedora” y que hoy está transformada en chacras.

Marchamos desde entonces entre campos arados. Nuevas colonias que se levantan a nueve y diez leguas de los ferrocarriles, a la espera que llegue el ramal del F. C. Del Oeste que pasará por Intendente Alvear y llegará al Lote 21 de la Letra A.

Llegamos hasta el ángulo Nor-Este del Lote 5 de la Letra C de la Sección VII, donde hace un mes ha instalado un boliche y casa de hospedage, un comerciante italiano venido de Meridiano V. Aquel boliche es la salvación de los viajeros y especialmente de nosotros, pues llegaba la noche, el frío arreciaba y teníamos la desgraciada perspectiva de pasar al raso o cobijados en un mal rancho donde los abugeros dejan pasar libremente la helada y las frías corrientes de aire.

Este boliche es el primero que se establece en la Colonia “La Elina”, establecida en los lotes 5 (mencionado) y 1 y 2 de la letra D Sección I, por los señores Chapeaurouge y Bernengo. Son 30.000 hectáreas, propiedad del señor Antonio Devoto. Allí está el agua desde 8 a 10 metros de profundidad, y aunque aún quedan algunas majadas de ovejas, se van colocando muchas chacras, varias de las que ya han sido roturadas y sembradas con trigos y otros se preparan para maíz.

En la parte Norte de esta colonia, está el lote 21 de la letra A Sección I, también del señor Devoto, a donde llegará el ramal férreo a que nos referimos más arriba y en el cual se formará un pueblo rodeado de chacras. El pueblo planteará inmediato a la estación terminal del ferrocarril, cuyo punto exacto aún no se conoce; pero ya están vendiendo chacras de 100 hectáreas a 100 pesos cada hectárea y a cómodos plazos. Quizás se denomina Calicurá, por ser ese el nombre de un monte próximo.

El campo es bueno, pastoso y el agua esta cerca y aunque hay algunas vetas de tosca, la mayor parte carece de este inconveniente para el cultivo de la alfalfa.

La noche del 4 al 5 fue crucial. El termómetro bajó hasta 6º grados bajo cero y la helada blanqueó los campos hasta la diez de la mañana siguiente.

Poco antes de las diez del 5, pusimosnos nuevamente en viaje hacia Parera, costeando el alambrado del lote 25 que pertenece al señor Jorge Duwdall, socio y gerente de la Barraca de Rancul y después de recorrer un poco más de 10 kilómetros entramos a la colonia “La Alfalfa”, ubicada en el lote 20 y en cuyo esquinero Noroeste está una casa de negocio que ofrece al viajero, su punto de descanso.

De allí a Parera, no hay más que tres leguas, que recorrimos entre alfalfares y terrenos cultivados, en muchos de los cuales el trigo está brotando, cubriendo el paisaje de un matiz simpático de verde claro, que alegra la vista. Las tierras de por aquí, se ven que son muy buenas, que a pesar que en cuatro meses apenas les ha caído algunas gotas de rocío a la vegetación se manifiesta ya, no exuberante pero sí ya más lozana que …… Se nota hasta humedad en estas tierras labradas. Se encuentra con grandes parbas de alfalfa…..las chacras, con rastrojos de …que se ha cosechado este año…en abundancia, en cantidad suficiente para salvar a los agricultores.

Los animales de trabajo y las haciendas que se ven, son gordas. El….que esto parece otro mundo.

(Continuará)

Simultáneamente, aprovecha sus frecuentes viajes con el cronista para conformar una importante colección de fotografías del Territorio que serían usadas en un proyecto más ambicioso: La Guía Ilustrada de La Pampa, un emprendimiento editorial que nunca llegó a imprenta pero que estuvo muy cerca de concretarse. Por esos días, el diario La Capital comenta que para dicho proyecto, Monmany ya contaba con un archivo personal de más de trescientas imágenes sobre todo tipo de actividades.

Entre 1908 y 1911 viajó por todo el norte y el este de la provincia, registró una buena cantidad de procesos fundacionales, las grandes estancias y la floreciente actividad rural. En Santa Rosa registrará el surgimiento de industrias mayores, como el molino de Bancalari, la primer usina; la obra pública, como el nuevo hospital y lo institucional, mayoritariamente temas relativos a la educación.

Monmany no limitará su actividad periodística al diario La Capital y se vinculará con la revista PBT, publicación de gran tiraje y de alcance nacional, competidora de Caras y Caretas, que lo nombrará corresponsal gráfico.

Es bueno recordar que por ese entonces la fotografía de prensa no se diferenciaba en nada de cualquier fotografía comercial producida por otros fotógrafos excepto por la intención o el contratante. Aún existían importantes limitaciones técnicas como para poder registrar “instantáneas” y las cámaras no eran lo suficientemente ligeras y maniobrables como para permitirle al fotógrafo demasiada libertad en sus movimientos.

Hubo que esperar varios años más, hasta la década de 1930, para que se impusieran las legendarias Leica, pequeñas, rápidas, confiables, portátiles, casi imperceptibles para el fotografiado y con película flexible en rollos, lo que permitió a la fotografía de prensa desarrollar un lenguaje propio y contundente bastante parecido al que aún subsiste en la actualidad.

Pero éste catalán es un volcán en erupción y comienza a dar por agotada esa etapa de su vida para embarcarse en un nuevo proyecto. En 1911 monta un estudio fotográfico de última generación al que le agrega una serie de novedades que causarán sensación en la capital del Territorio, pero de esto hablaremos en la próxima entrega.

Texto: Jimmy Rodríguez

Investigación: Guillermo López Castro y Jimmy Rodríguez

Fototeca Bernardo Graff / AHP

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Un volcán llamado Pedro Monmany (I Parte)

Colección Pedro Monmany (Próximamente)

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El ojo de los aficionados en La Pampa pionera

Los aficionados es el tercer artículo de una profunda investigación realizada sobre la fotografía en la Capital de La Pampa.  Recordamos a nuestros amigos y usuarios que desde abril de 2012 estamos publicando este estudio en el suplemento cultural “Caldenia” del Diario “La Arena”. 

Los aficionados tuvieron, desde muy temprano, una importante participación en el registro fotográfico de La Pampa.

A principios del 1900 las técnicas fotográficas se habían simplificado de tal manera que convertirse en fotógrafo ya no exigía aprendizajes prolongados, solo bastaba disponer del capital como para afrontar los costos del equipamiento, algún maestro en el mejor de los casos y una manera cuidadosa de proceder.

También abundaban manuales con fórmulas y recomendaciones para los preparados químicos a base de drogas fáciles de adquirir en cualquier botica.

Hubo una importante cantidad de aficionados que nunca tuvieron la intención de ingresar al campo profesional.  Ligaban la práctica de una técnica novedosa de reproducción de imágenes con una conducta social.

Las buenas cámaras eran, en ese momento, alta tecnología,  poseerlas no estaba al alcance económico de cualquiera, y esto no fue exclusivo de la región geográfica que nos  interesa.

Viendo las imágenes conseguidas por los miembros de la Sociedad Argentina de Fotografía, fundada en Buenos Aires a fines del siglo XIX, puede apreciarse qué alto nivel técnico manejaban por entonces los amateurs. En muchos casos, la impecabilidad y precisión de ésas fotografías estaban por encima de los resultados logrados por profesionales.

Pero volviendo a La Pampa, tenemos sobradas referencias sobre la existencia de aficionados, aunque lamentablemente no podamos conocer el nombre de todos ellos ni identificar claramente sus autorías.

Habitualmente, eran jóvenes provenientes de  familias acomodadas y, a veces, agregaban sus nombres manuscritos en  el reverso de las fotografías.

El fotógrafo amateur no siempre estaba interesado por los engorrosos procedimientos de laboratorio posteriores a la toma y algunos recurrían a casas especializadas para que completen el trabajo. Aunque, en su mayoría, preferían realizar ellos mismos el proceso porque en eso consistía, precisamente, el placer del practicante.

El aficionado, que a diferencia del profesional obligado a intervenir la escena y quitarle todo rasgo de informalidad, no sentía la presión de contentar a ningún cliente y solía hacer sus tomas dentro de una atmósfera más distendida y “realista”.

Otros aficionados vieron a los profesionales como un espejo en el que reflejarse y tuvieron en cuenta la posibilidad de abandonar el amateurismo para convertir la fotografía en su medio de vida.

1904 

Éste año parece ser efervescente. Los aficionados se extienden y nace un emprendimiento comercial dispuesto a satisfacer la demanda.

Luis Badía, farmacéutico, anexa la sección “óptica y fotografía”, evidentemente, debido a la aparición de un nuevo mercado.

Su joven y emprendedor empleado, que ya se había mostrado públicamente como aficionado, pasa a ocuparse de ése nuevo rubro que sumaba la farmacia Santa Rosa.

Pedro Monmany, sobre el que nos extenderemos en próximas entregas, hasta entonces dependiente de farmacia y aficionado a la fotografía, toma a su cargo la atención de los amateurs no solo en la venta de insumos, también en el procesado de negativos y pruebas.

Farmacia Santa Rosa, Sección Fotografía y óptica. Surtido completo en aparatos y toda clase de útiles y materiales fotográficos a precio de catálogo en Buenos Aires. Exposición y venta de vistas y tarjetas postales del territorio. Laboratorio fotográfico modelo a disposición de los aficionados. La casa se encarga de revelar placas y hacer toda clase de obras, reproducciones, ampliaciones, etc. Completo surtido en lentes y anteojos de toda clase para corregir cualquier defecto de la vista a precio de catálogo en Buenos Aires. Frente a la plaza, al lado de la iglesia.

(Aviso publicitario. Diario La Capital 22 de Octubre de 1904)

Este detalle no puede ser pasado por alto ya que demuestra que si un comerciante está dispuesto a invertir en ése ramo, es porque el mercado existía.

Ya un año antes de que la farmacia se dispusiera a prestar el servicio, el mismo diario se encarga de mencionar la existencia de varios aficionados que consiguen tomas de una calidad aceptable. Probablemente para 1904 el número de practicantes haya aumentado.

Dos fotografías existen actualmente en esta población, aparte de cinco o seis aficionados que sacan pruebas bastantes buenas. (…)

(Columna Diversas, diario La Capital 2 de mayo de 1903)

Alejandro Cortina, hijo del por entonces comandante de las milicias locales, es uno de esos amateurs que asiduamente envían fotografías al diario.

Una de ellas, quizá la más conocida, sea la que muestra el frente del edificio de la Comandancia y en la que pueden verse a varios miembros de la misma familia. Esta misma fotografía le fue dedicada de puño y letra por su autor al director del diario La Capital, el Sr. Fons Artigas. También es una de las imágenes usadas para ilustrar “La Solicitud”, publicación destinada a presentar ante autoridades nacionales pidiendo, en 1902, la formalización de Santa Rosa como capital provincial.

Pero no solo el joven Cortina, tal como lo menciona el diario, era el único.

Por esos mismos años también encontramos a Pedro Monmany;  Juanita Capdeville, hija de Alphonse, que tomaba y enviaba fotografías desde la estancia de su padre; Antonio Alonso; Eduardo Leppine y, según algunas crónicas periodísticas que lo permiten especular, hasta el cura párroco Estanislao Cinalewsky pudo haber sido otro practicante.

Es muy probable que muchas fotografías históricas que habitan las colecciones de la Fototeca hayan sido realizadas por esos aficionados, especialmente aquellas que muestran ciertos detalles que un profesional no hubiese descuidado, porque de eso dependía su prestigio y su negocio.

Es de esperar que con el paso del tiempo aparezcan más fotografías en colecciones particulares que permitan identificar autorías, eso ayudaría a completar el rompecabezas que intentamos armar, porque después de todo, de eso se trata éste trabajo.

Por Jimmy Rodríguez

Investigación: Guillermo López Castro y Jimmy Rodríguez

 

Marostica Hnos. Primer serie fotográfica de Santa Rosa – 1895

Este artículo forma parte de un trabajo más amplio sobre la fotografía y los fotógrafos pioneros en la capital de La Pampa. Durante ocho años investigamos imágenes y documentación en archivos oficiales y particulares, museos y colecciones, tanto dentro como fuera de la provincia y realizamos numerosas entrevistas a descendientes de los primeros fotógrafos. Este primer capítulo fue publicado en el suplemento cultural Caldenia, del Diario La Arena en la edición del día 22 de Abril de 2012, con motivo del 120 aniversario de la ciudad de Santa Rosa.

MAROSTICA HNOS.  Primer serie fotográfica de Santa Rosa – 1895

Los hermanos Marostica estaban tempranamente radicados en la ciudad de La Plata y son considerados pioneros de la fotografía en la capital bonaerense. Tenían su estudio en la zona de convergencia más importante de la floreciente burguesía platense, afecta, entre otras cosas, a paseos dominicales por la Plaza de la Legislatura.

El comercio, en 1895, era operado por José Marostica, italiano, de 38 años, casado con una española de apellido Carbonell, con cuatro hijos de muy corta edad y Luis Marostica, de 30 años, también italiano y soltero.

Es posible que Luis, el menor de los dos hermanos, por su condición de soltero, es decir, sin las responsabilidades familiares de José, haya sido quien viajó a Santa Rosa y sea el responsable de ésta producción fotográfica.

Si tenemos en cuenta la distancia desde el lugar de residencia y las adversidades del trayecto final a cubrir (el tren solo llegaba hasta Trenque Lauquen), la plaza comercial que explotaban y el prestigio profesional con que contaban en la ciudad de La Plata, no hay ninguna razón para adentrarse a un desierto pobre apenas habitado por ochocientas almas a cambio de una rentabilidad dudosa. Es evidente que no se trataba solo de un fotógrafo itinerante que vino a probar suerte.

Por el estilo de las imágenes se desprende que la presencia de Marostica obedece a un encargo institucional y que el trabajo tenía un destino mayor que solo un álbum de recuerdos para el fundador o los primeros pobladores.

Los planos generales muy abiertos se diferencian de las típicas tomas de época que comúnmente  suelen verse, generalmente, una casa de comercio.

Las fotografías de ésta serie, por el contrario, evitan deliberadamente ése protagonismo y priorizan la generalidad, es decir, la idea es mostrar al pueblo por sobre los  intereses particulares. Esto, sin dudas, es lo que demuestra el verdadero motivo de la radicación temporaria del fotógrafo en Santa Rosa.

Todo indica que la serie pudo haber sido realizada para presentar ante las autoridades ferroviarias a fin de persuadirlos de extender el ramal hasta Santa Rosa. Una población sin tren, mal podría aspirar a convertirse en capital.

La otra posibilidad, aunque aparece como menos probable, es que fueran usadas durante la disputa (Julio / agosto de 1895) con Benito Villanueva, representante de Toay, por la cabecera departamental ante el gobierno nacional.

La presencia de Marostica se puede documentar desde el 25 de mayo de 1895 hasta el 30 de agosto del mismo año, cuando registra la inauguración de la iglesia.

No obstante, algunas fotografías dejan inferir que la estadía del fotógrafo se prolongó un tiempo más, al menos hasta bien entrada la primavera. Incluso, durante los meses de permanencia, también realizó algunos trabajos particulares en las instalaciones de su estudio, como retratos y grupos de familia.

Esta serie, a diferencia de las imágenes que integran La Solicitud de 1902, que fue confeccionada con fotografías preexistentes y de varios autores, tiene la particularidad de haber sido realizada en un breve lapso de tiempo, con una misma intención, por una misma persona y para un fin específico.

Esto nos permite catalogarla como la primer Serie Documental realizada sobre Santa Rosa.

Mientras Marostica fotografiaba un desolado paraje que pretendía urbanizarse, el 28 de diciembre de ése mismo año, en el sótano de un bar de la iluminada París, los hermanos Lumiere proyectaban “La salida de la fábrica” y sorprendían al mundo. Nacía el cine.

 Autores de la Investigación: Guillermo López Castro y Jimmy Rodrígue, responsables de la Fototeca Bernardo Graff del Archivo Histórico Provincial.

Colección Enriqueta Schmidt (Galería fotográfica)

Galería fotográfica de alta resolución.

La galería está integrada  por 71 fotografías de alta resolución, acompañadas por un breve epígrafe en el modo previo de la imagen. Para ampliar los datos que las documentan, deberán acceder a la sección Catálogos y descargar el correspondiente a la Colección Enriqueta Schmidt. En cuanto a Las fotografías de esta galería, pueden descargarse mediante la sencilla operación “guardar imagen como”. Con esta iniciativa, estamos brindando a los usuarios la posiblidad de contar con fotografías de alta definición que les permitirán obtener impresiones de calidad fotográfica. De esta manera, la comunidad de investigadores y de usuarios en general, podrán reunirse con toda la información desde la comodidad de su hogar o instituciones de trabajo.

CONDICIONES DE USO

Prohibida la utilización comercial. De uso libre y gratuito. Mención de créditos: en cualquier medio y soporte de comunicación, deben mencionarse los créditos del fotógrafo y/o  productor de las fotografías (cuando los hubiere) y de la institución que custodia y conserva el patrimonio documental.

SUGERENCIAS

Con el fin de conocer y evaluar los alcances históricos de la colección Enriqueta Schmidt, posibilitar controles estadísticos y difundir a los investigadores y sus investigaciones, proponemos a la comunidad de usuarios nos comuniquen los fines de utilización del material documental, como así también de los productos obtenidos que resulten del uso total o parcial de la Colección Enriqueta Schmidt.

FOTOTECA BERNARDO GRAFF

Publicaciones relacionadas:

  1. Catálogo Colección Enriqueta Schmidt
  2. Comentario “Primera Colección Fotográfica recuperada de Santa Rosa”
  3. Historia archivística

Colección Noemí Monmany (Santa Rosa – 1910 – 1940)

Familia Badía, entre lo público y lo privado (décadas 1910 – 1920)

 Los miembros de la familia encabezada por Luis Badía, primer farmacéutico diplomado en radicarse en Santa Rosa alrededor del 1900, a poco de llegar ya destacaban como activos participantes de la construcción social de la nueva población.
Involucrados en la mayoría de las flamantes instituciones locales como la Sociedad Española; Damas de Caridad; Sociedad Hermana de los Pobres y otras, dejaron sus nombres grabados en la historia de la ciudad.
En ése contexto, la familia llevó un importante registro fotográfico de su entorno íntimo y de sus miembros en espacios públicos y privados que hoy nos permiten reconstruir, además de sus vidas,  la Santa Rosa de las primeras décadas desde su fundación.
Compartimos aquí parte de ésa colección gracias a la gentileza de la Sra. Noemí Monmany, bisnieta de Luis Badía y María Vila, custodia de las fotografías originales.

Primeros pobladores (Santa Rosa de Toay – 1895)

Fotografía: “Primeros pobladores de Santa Rosa de Toay”, 1895. Autor: Bernardo Graff.
Descripción:
“Fotografía realizada el 6 de enero de 1895. Este retrato fue obtenido por el fotógrafo Bernardo Graff. Era un día de fiesta en la chacra del señor Safontás.En la foto aparecen: 1) León Safontás; 2) Antonieta Pocho; 3) Augusto Pocho; 4) Ernestina Monnier; 5) Ida Monnier; 6) Rosita Monnier; 7) la Sra. de Roux, nuestra primera maestra; el hijo de Madama Roux; 9) Ana Pocho; 10) Emilio Libis (padre); 11) María Oarriz; 12) la Sra. de Pocho; 13) María Pocho; 14) Agueda Salas; 15) Antonio Salas (hijo); 16) Pedro Bigani; 17) Emilio Libis (hijo); 18)Edgard Monnier (hijo); 19) Carlos Monnier (padre); 20) Juan Monnier (hijo); 21) Amadeo Isaguirre; 22) sin detalle; 23) el indio “Pancho” Francisco y familia; 24) Basilio Bordis; 25) Alfonso Salas (hijo) y 26) Augusto Pocho (hijo)”. Descripciòn aportada por Juan Monnier (Hijo – en la foto el Nº20) enviada desde Suiza en 1937.

Fototeca Bernardo Graff
Archivo Histórico Provincial “Prof. Fernando E. Aráoz”