Luis Monreal

Minientrada

Desde su puesta online en junio de 2008, la Fototeca Bernardo Graff se ha visto beneficiada por su interacción con la comunidad de usuarios e investigadores. Y es precisamente la extraterritorialidad que posibilita Internet, la razón por la que pudimos establecer contacto con descendientes de algunos pioneros de la fotografía pampeana, quienes gentilmente se mostraron interesados en facilitar fotografías fundacionales de sus lugares de origen, colaborando así con la puesta en valor y difusión del patrimonio fotográfico pampeano.

De este modo se incorporaron oportunamente las colecciones familiares digitales de Héctor Perrín Domecq  y Alicia Carmen Brudaglio.

En esta ocasión, presentamos esta galería de 27 fotografías de uno de los pioneros de la fotografía del norte de La Pampa, Luis Monreal, quién desempeño su oficio durante las primeras décadas del siglo XX en Realicó.  La puesta en valor ha sido posible gracias a la gentileza del Sr. Eduardo Arreseygor, nieto sobrino de dicho fotógrafo y nieto de Higinio Monreal, también fotógrafo de Rancul en la misma época.

Eduardo Arreseygor vive en Andoian, muy cerca de San Sebastián en el país Vasco y es licenciado de la Facultad de Bellas Artes de La Plata y doctorado por la Universidad de ese país. Arreseygor cuenta con un acervo significativo de negativos, la mayoría son placas de vidrio y otros sobre soporte acetato en formato 9 x 12cm. Según el mismo, la temática predominante es familiar, aunque también hay otras de interés social como colegios, hospital, calles, actividades rurales, ferroviarias, arquitectura, etc.

Arreseygor ha digitalizado aquellas fotografías que ha considerado más significativas por su contenido histórico y social, aunque desconoce los nombres, lugares y fechas de los acontecimientos que relatan las imágenes. Sin embargo esto no es un impedimento para socializar estas joyas de la memoria pampeana, por eso convocamos a aquellos que puedan aportar información para referenciar las imágenes, nos escriban a archivohistoricoprovincial@lapampa.gob.ar

 

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Un volcán llamado Pedro Monmany (I parte)

Justo cuando comenzaba el siglo XX, llega a La Pampa un joven catalán que introducirá en el ámbito local un concepto absolutamente modernista de la fotografía. Hombre de aventuras, espíritu inquieto y personalidad desbordante, llevará una vida tan intensa como breve.

Nacido en Rubí, cerca de Barcelona en 1881, llega a Buenos Aires con sus padres y hermanos. Un típico conventillo de la calle San Juan, donde se hacinan inmigrantes de distintas lenguas, albergará a la familia de recién llegados.
Apenas mayor de edad, el inquieto Pedro Monmany abandona Buenos Aires y se encamina hacia las promesas de fortuna del promocionado nuevo territorio. Santa Rosa ya ostentaba el título de capital provisoria y, como sede del gobierno, se perfilaba como la mejor opción para quienes quisieran probar suerte tierra adentro.

A mediados de 1901, el joven Pedro llega y comienza a trabajar como dependiente en la farmacia Santa Rosa, del farmacéutico diplomado Luis Badía, tan catalán, practicante católico y de Rubí como los Monmany. Es muy probable que las familias se conocieran previamente y por eso el joven decidiera venir sobre el ofrecimiento de un empleo seguro. No tardará en sentirse atraído por la fotografía y en aprovechar las facilidades que ofrece una farmacia, por ese entonces equipadas como laboratorios químicos y con abundante stock de productos, para comenzar como aficionado.

En 1902, el diario La Capital acusa recibo de las fotos enviadas por Monmany a la redacción y lo mencionan por primera vez.
“Álbum fotográfico. Acusamos recibo de las siguientes fotografías cuyo regalo agradecemos. Estación General Lagos en el momento de entrar el tren que condujo al Gobernador Dr. Diego González., Chalet de Tomás Mason y jardín de su frente, tomado en perspectiva. Ambas vistas son instantáneas y muy ricas en detalles, tomadas por el joven Sr. Monmany.” (La Capital, edición del 18 de octubre de 1902).

Es de suponer que sus intentos como practicante venían desarrollándose desde un tiempo anterior y que obsequió las fotografías cuando ya había alcanzado una calidad aceptable.
Los obsequios de Monmany al diario (que no podía publicar fotografías pero en cambio las describía, tanto de jóvenes aficionados como de reconocidos profesionales) continuaron con frecuencia durante ése año y los subsiguientes.
La vida del fotógrafo dará un vuelco trascendental en 1904 cuando se casa con Teresa Badía, hija de su empleador y se hace cargo de un nuevo rubro en la farmacia, la sección “óptica y fotografía”, que no era otra cosa que un servicio de laboratorio para aficionados y la venta de insumos.
Éste año lo dedicará de lleno a la preparación de su lanzamiento como fotógrafo y comienza a realizar una extensa serie de postales sobre la ciudad, a frecuentar –y fotografiar- reuniones sociales favorecido por su vinculación familiar con los Badía, a viajar, con el mismo propósito, por los pueblos y visitar los establecimientos rurales más importantes del momento.

En mayo de 1905 aparece en La Capital el primer anuncio publicitario de Pedro Monmany que ya lo posiciona como profesional y que se mantendrá constante durante todo el año:

“Tarjetas postales ilustradas con vistas de localidades y parajes de La Pampa. Hay un surtido variadísimo y permanente en la sección Fotografía de la Farmacia Santa Rosa. Pedidos y encargos. P. Monmany”.

También en éste período consolidará su relación social y comercial con los sectores vinculados al poder político, religioso y educativo, fotografías que se encargaba de hacer llegar al diario y que éste describía detalladamente. Aun existen una buena cantidad de originales de su autoría dedicados a temas escolares y muchas de esas imágenes fueron utilizadas por la primer docente de Santa Rosa para ilustrar el relato histórico presentado en 1942 y que hoy conocemos como “colección Enriqueta Schmidt”.

Pero Monmany es un volcán en permanente erupción que no se contenta con nada y siempre va por más. Mientras se consolidaba como fotógrafo, abre, en sociedad con su hermano Ramón, recientemente arribado a Santa Rosa, el “Gran Bazar del Siglo”, que era peluquería, perfumería y venta de artículos para hombres. También allí colocará un escaparate, abundantemente publicitado en el diario, para comercializar su producción de postales. Se mantendrá alejado del comercio, que solo será atendido por su hermano mientras él se dedica cada vez más a la producción fotográfica.
Su relación de amistad con directivos y empleados del diario La Capital le permitió tomar contacto con el equipo periodístico de la revista Caras y Caretas cuando visitaron La Pampa en 1907. E. Holmberg, jefe de redacción, y el fotógrafo holandés Albert Voijtech prolongaron su estadía por algo más de una semana para concretar entrevistas y recorrer distintos puntos de la provincia.
Mientras, mantenían su base de operaciones en la redacción del diario local. Monmany, tan inquieto como atento, entendió de inmediato que ése era otro campo de la fotografía que valía la pena transitar y al poco tiempo se lanza de lleno para convertirse, a fines de 1907, en el primer reportero gráfico de La Pampa. Pero esto lo vamos a desarrollar en la próxima entrega.

Texto: Jimmy Rodríguez
Investigación: Guillermo López Castro y Jimmy Rodríguez
Fototeca Bernardo Graff /AHP

 

Manuel Dacal (Fotógrafo)

Manuel Dacal

Biografía y comentario de obra

Manuel Dacal, nació en Villa Mirasol en 1921. Con apenas catorce años tomó contacto con la fotografía ingresando como aprendiz a la Casa Maqueira, conocida por sus retratos de galería en Santa Rosa.

Los años en ese estudio fotográfico marcaron su estilo de trabajo. Y al ver sus fotos, es notoria la escuela formalista.

Recién en 1947 abandona la casa en la que se formó profesionalmente para ingresar como fotógrafo a la Policía, donde alcanzó el grado de comisario. Por ser personal técnico, jamás vistió el uniforme.

A finales de 1965 deja la institución policial y pasa a la Dirección de Prensa de Casa de Gobierno convirtiéndose en el primer fotógrafo oficial que tuvo el Gobierno de La Pampa.

Toda su obra está circunscripta únicamente a su ámbito laboral. Cultivador de un bajo perfil, nunca estuvo integrado a clubes fotográficos, publicaciones o exhibiciones. Tampoco formaba parte de esas típicas tribus urbanas en que la gente tiende a integrarse por oficios o profesiones. De hecho, al decir de sus familiares, luego de jubilarse, en 1971, no mostró mayor interés por la cámara, a la que apenas le daba un restringido uso familiar.

Sin embargo, Dacal fue un excelente fotógrafo, de una precisión envidiable.

Revisando sus negativos se descubre que había alcanzado un grado altísimo de efectividad: entre más de mil fotogramas revisados es una rareza encontrar alguno fuera de foco o mal encuadrado, tampoco hay repeticiones de tomas, de esas que los fotógrafos suelen hacer “para asegurar”. No hay películas mal reveladas, todo el material está en perfecto estado de conservación gracias a la meticulosidad con que fue procesado y archivado por él mismo. Durante sus años como fotógrafo de gobierno, utilizó cámaras de formato medio, a pesar de que a mediados de la década del ’60 la película de 35 mm. ya era muy popular. Sus mayores logros se sustentan en la calidad técnica de las tomas y muchas de sus fotografías, al margen de la temática institucional, son de una belleza estética admirable.

Si bien su actividad oficial se desarrolló en apenas seis años, le tocó ser testigo directo de una de las más convulsionadas etapas de la historia, la que se reflejó también en La Pampa.

La llamada “Revolución Argentina”, que derrocara a Arturo Ilia y en la provincia interrumpiera la gobernación de Amit, lo encontró en primera fila de los acontecimientos.

Dacal registró el primer acto oficial de gobierno del Interventor Federal en 1966.

En ese acto, y con la presencia del nuevo gabinete, se bajó el escudo de La Pampa para

entronizar un crucifijo en el despacho privado del gobernador.

Después vinieron otros hechos y personajes, desde la visita del general Julio Alsogaray hasta el mismo Onganía, sin obviar las leyendas locales, como Federico Gonzani, con quien compartió varios viajes por el interior de la provincia, incluso la recordada noche de la Fiesta del Trigo en Castex de 1969.

Entre ellos y él, interpuso su eficaz cámara Rollei.

La compra del Parque Luro, la construcción del Puente Dique de 25 de Mayo, el primer embarque de petróleo producido en la provincia y el tan absurdo como gigantesco monumento a Kennedy en Quemú son algunos de los eventos históricos que entraron en forma de luz a la cámara de Dacal.

De las cuatro gestiones que vio pasar, el Dr. Amit, el coronel Granada, el capitán de navío González y el contralmirante Guozden, fue éste último –y su gabinete- el más fotografiado. Amit fue derrocado al poco tiempo de llegar Dacal a la oficina de Prensa, luego pasaron fugazmente un par de interventores (incluso un ministro, Mario de Campos, con un efímero gobierno de cinco días) hasta la llegada de Guozden, que se mantuvo por casi cinco años.

Esta producción fotográfica, a la que debe considerarse como obra individual sin que por eso la apartemos del contexto laboral en que fue realizada, cumple con un doble propósito: el registro histórico en primera fila de los acontecimientos y un impecable tratamiento técnico de las imágenes. Más allá del testimonio gráfico, también hay un hombre que merece ser él mismo parte de la historia de la fotografía en La Pampa.

El rompecabezas de los años ’60 seguirá siendo un tema recurrente de investigadores e historiadores que tratarán de desmenuzar y comprender una época compleja y convulsionada. Y ahí vendrá Manuel Dacal, con su bolso de cuero, su paso tranquilo y su Rollei colgada al cuello.

Manuel Dacal falleció en Santa Rosa en 1998, a los 77 años de edad.

Autor: Roberto Joaquín Rodríguez – 2004