Juan José Gozza (Guatraché)

Esta es una nota que hice para “Caldenia”, en junio de 2006. Él hizo fotocopias y sé que las distribuyó entre sus afectos más cercanos. Siempre me dijo que haríamos otra. Que había más cosas para contar… se debe haber olvidado porque decidió marcharse sin hacerla. También olvido una operación de cataratas que tenía pendiente. Siempre fue así de atropellado. Un buen vecino y un personaje que Guatraché termina de perder.

Especial para “Caldenia”

GOZZA, UNA VIDA DE PELÍCULA

Juan José Gozza ha cumplido sesenta años, en el ejercicio de la actividad fotográfica. Sesenta años disparando su cámara en Guatraché y toda la región del Sur Este de La Pampa. Los aficionados al fútbol lo habrán visto infinidad de veces, durante ese tiempo, en todas las canchas de la zona. Y en los bailes, en los espectáculos de todo tipo, en los acontecimientos sociales, en las fiestas escolares…, siempre con el ojo buscando la mejor perspectiva para la toma.

José, como lo llama todo el mundo, es hijo de Salvador Gozza, un fotógrafo que llegó a nuestra provincia, más puntualmente a la localidad de Doblas, en el año 1929 y que luego, en el año 1931, se trasladó a Macachín, para instalarse definitivamente en Guatraché, en el transcurso de 1935.

Desde entonces y durante once años, Salvador Gozza ejerció su profesión de fotógrafo, con notable calidad de servicios para la época, como puede comprobarse en el volante con el que publicitara su negocio, en el año 1942.

El último 4 de julio, se recordó el sesenta aniversario de de su fallecimiento. Desde entonces, su hijo ha desempeñado la profesión, en forma ininterrumpida, hasta los días que corren.

Hoy, José Gozza, a quien no le debe quedar un solo vecino por fotografiar, con setenta y nueve años de edad, ha disminuido el ritmo de su trabajo, para convertirse en una referencia muy particular de la población. Un verdadero personaje.

Aprendió el oficio desde muy niño, en los tiempos de las placas de vidrio*, reemplazadas más tarde por los film pack o películas planas* de hasta 13 x 18 cm.

Las cámaras con que hizo sus primeras armas eran aquellos cajones voluminosos de madera, montados sobre robustos trípodes y con objetivos cambiables que se enfocaban “a fuelle”. El fotógrafo debía taparse con un paño negro para poder enfocar sobre una placa de cristal esmerilado. Y si la luz no era suficiente recurría a los “quemadores de magnesio”, con los que calcula haber sacado más de 1.000 fotos, que, dicho sea de paso, le salieron “todas bastante bien”. Recuerda que con el magnesio se obtenía una luminosidad que doblaba la potencia de los flashes actuales. La dosis de magnesio se determinaba “a ojo, era algo así como 1 gramo o 1 gramo y medio”. Recuerda que una vez colocó dos gramos para hacer una foto en el “Cine Pampa”. Debía tomarla desde unos 20 metros, porque había mucha gente. Rememora -con picardía- que la explosión tuvo características de terremoto y que la gente “se asustó bastante…”

Con el tiempo y los adelantos de la tecnología, las cámaras fueron mucho más pequeñas y portables. Esa característica le permitió moverse con mayor facilidad. Entonces ya no fueron sólo los acontecimientos regionales, los que lo tuvieron como testigo. El 12 de marzo de 1952 obtuvo credencial de corresponsal de “Noticias gráficas”, diario porteño que llegaba a Guatraché los lunes, miércoles y viernes (Cuando llegaba el tren de Buenos  Aires) con las noticia sociales o deportivas que enviara el joven corresponsal, redactor y fotógrafo.

En 1960 viajó a Buenos Aires para cubrir el 150º aniversario de la Revolución de Mayo.

En 1966, las escuelas de Guatraché, Macachín y Alpachiri, al igual que otras cincuenta personas, entre vecinos, amigos y parientes, recibieron una tarjeta, desde Tucumán, en aquel julio de 1966, cuando se festejaba un siglo y medio de la declaración de la Independencia Nacional. Las tarjetas habían sido editadas por el Diario “La Gaceta” de Tucumán y adquiridas y enviadas por el fotógrafo-viajero.

Hace memoria y está casi seguro que fue en el año 1962. Se jugaba en Buenos Aires el clásico Boca-River. Allí estaba Gozza, detrás del arco de Boca, con su carnet de corresponsal y su cámara. En ese partido, Roma, arquero de Boca, le atajó un penal al brasilero Delem, fuerte jugador de River. El acontecimiento fue registrado por los fotógrafos de todos los medios del país y Gozza  estuvo así, como parte de aquella instantánea, en la tapa de “El Gráfico” y en las páginas de infinidad de revistas.

Siempre detrás de la foto, llegó al Luna Park, la noche de la pelea entre el Italiano Juseppe Burruni y el argentino Horacio Acaballo. Un reportero gráfico tenía orden de fotografiar a los contendientes, juntos, una vez terminada la pelea. Gozza, que andaba por allí, se colocó entonces entre los dos púgiles y el fotógrafo disparó su cámara sin posibilidad de repetir la foto porque los boxeadores se fueron de inmediato a sus camarines. El reportero era de “El Gráfico” y esa fue la foto que salió en la prestigiosa revista y recorrió el mundo, con la cara del fotógrafo pampeano entre los rostros machucados de los protagonistas de la pelea.

Es así que la vida de este trashumante empedernido, transcurrió siempre detrás de una cámara fotográfica. Como si sus decisiones hubiesen sido programadas para viajar hacia los acontecimientos. ¿Pero es que viajaba para lograr sus fotografías o, en todo caso, la fotografía era una excusa para viajar? “Eran las dos cosas juntas”, nos dice. Lo cierto es que, al momento del balance, Juan José Gozza capitaliza una vida de libertad plena, que desechó las comodidades del hogar o la familia, ante la opción de andar.

Los guatrachenses volvieron a tener sorpresas con su fotógrafo nómada. Cierto día estaba en Bahía Blanca, donde era atendido por un servicio de laboratorio fotográfico, cuando se enteró que un avión llevaba al presidente Guido de vacaciones a Viedma, su ciudad. Corrió a la base aeronaval “Comandante Espora” y, echando mano a sus recursos diplomáticos, logró viajar en el mismo avión que transportaba al presidente de la nación y, luego, en Viedma, tomarle varias fotografías que más tarde mostró presuroso a sus amigos y vecinos de Guatraché.

En los trayectos más cortos, aquellos que tenían a la región como escenario, dice haber sido quien patentó el “viaje a dedo”. Escucharlo describir sus múltiples desplazamientos es como pretender el seguimiento de una trama en la inmensidad del telar.

Gran jugador de pelota a paleta, recuerda haber comenzado con ese deporte en la escuela primaria, cuando, contra una ancha pared sin aberturas, devolvía la pelota que jugaba, entre otros, con el recordado maestro Armando Alaggio.

Es un archivo viviente de la historia del pueblo. Lo recuerda -casi una aldea- cuando, muy niño todavía, llegó, en 1935, junto a su padre, que caminaba las calles guatrachenses con la pesada cámara de placas sobre los hombros.

Es un gran lector, dueño de una notable memoria. Recuerda haber leído, en su niñez, muchos libros de aventura. Ahora, próximo a cumplir 80 años, con 60 de fotógrafo y caminante, dice que su vida se parece a todos ellos.

Guillermo Herzel

* Las placas de vidrio eran el soporte del material sensible, donde se imprimía la foto. Las había de diversas medidas y, como las fotografía se obtenían por contacto (No existían las ampliadoras) la medida de placa elegida sería la medida de la foto papel. Los films pack o película plana, reemplazaron a las placas. El soporte del material sensible era ya el celuloide (Como el de las películas actuales)