Joaquín Rodríguez (Fotógrafo)

Biografía Joaquín Rodríguez

Comentario de obra

LA DESAPARICIÓN DEL TIEMPO

Entre “sacar una foto” y el “saber ver”, media un abismo. Ser fotógrafo exige de competencias culturales y técnicas, reclamos de la fotografía cuando nos referimos a ella como arte fotográfico.

Necesaria es entonces la diferencia para ubicar a Joaquín Rodríguez en el justo lugar de Fotógrafo. Como tal, Joaquín conocía los hechos y personajes que fotografiaba, dominaba la técnica y también supo estar al día con las evoluciones del lenguaje y los recursos técnicos fotográficos.
Aguda, su impronta documentalista obsequia riqueza y extensión a las series documentales que integran su archivo personal. Joaquín, discurría entre los personajes y el tema, despreocupado de la foto sensacionalista y atento a las sutilezas. Se interesaba por la esencia de los retratados, deteniéndose en “detalles” como el gesto y el fluir de la vida cotidiana en sus contrastes pendulares entre alegrías y tragedias.
Su abordaje fotográfico desde la perspectiva del reportaje humanista ha permitido que la prensa escrita editara sus producciones y se sirviera de ella para sintetizar conceptos y sucesos periodísticos. Es decir, las fotografías expuestas por años en la prensa, son sólo fragmentos e interrupciones de su producción documental. Es fácil entonces imaginar, la riqueza de contenidos “encerrados” en los negativos de su autoría y la urgencia con que los medios periodísticos deben actuar para rescatar de sus archivos un legado que tiene dueño: la sociedad toda.
Afortunadamente parte de su producción está a salvo y una importante cantidad de registros fotográficos evocan su mirada, devenida hoy en refugio espiritual para los amantes del arte fotográfico y en oasis documental para investigadores y público en general.
El legado de Joaquín revive en muchos la música, las voces, los aromas, los ideales, viejos amores, una época que se escapó…como poder decirlo…insensato es ahondar en la densidad semántica de la fotografía. Para las nuevas generaciones, sus fotos serán iniciadoras, reveladoras, de extraña belleza, especialmente aquellas escrituras de luz con que eternizó los años sesenta. Su legado fotográfico permite que tanto los que rememoren como los que aprendan de él se unan en una certeza: ambos pertenecerán al pasado. Su obra nos conduce a esa reflexión, nos interpela, nos desnuda, nos recuerda lo efímero y vulnerables que somos. Recorrer su obra nos demanda respeto y responsabilidad por nuestra pasada y futura memoria, nos obliga luchar contra el olvido.

Joaquín era fotógrafo, por eso supo construir un relato propio que se redime de las necesidades editoriales de los medios donde práctico su profesión. El auténtico ejercicio de la ética y el Arte Fotográfico supera las pruebas del tiempo. Hoy, en la era de la incertidumbre y la transición permanente, Joaquín Rodríguez permanece con nosotros como un moderno fotógrafo.

Guillermo López Castro

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